Hoy comienzo una serie de entradas en las que escribiré sobre eventos. la pregunta principal y que por obvia no es menos importante es: ¿para qué hacemos un evento? Intentaré dar respuesta en esta serie de posts.
Cuando gestionas la comunicación de una marca tienes muchas herramientas a tu disposición. Los medios de comunicación, el marketing directo, las relaciones públicas, etc, y los eventos son una herramienta más. Y en ocasiones puede ser la más eficaz. Lo que he aprendido con los años es que la estrategia de una marca da resultado cuando elige la correcta combinación de todos estos elementos. No se trata tanto de elegir entre una u otra como de combinarlas bien.
Cada una de las herramientas y actividades que hacemos debe trabajar en una de las fases del proceso de compra. Da igual si utilizamos el viejo embudo de compra o el moderno viaje del consumidor, en ambos permanecen los conceptos básicos. El cliente tiene que conocer el producto o servicio (notoriedad), contemplarlo dentro de sus alternativas de compra (consideración), comprarlo y si lo hemos hecho bien, repetir la compra. Depende del producto que uno venda utilizará unas herramientas para una cosa o para la otra. Si vendes productos de alimentación, trabajarás la notoriedad con la publicidad y la consideración con acciones en el punto de venta, ya que al final el 70% de la decisión de compra se produce en el supermercado. En nuestro caso utilizamos prácticamente todas las herramientas para todos los propósitos.
Un evento puede generar mucha notoriedad, pero también puede servir para aumentar la consideración de compra, por ejemplo ofreciendo probar el producto. Es muy importante tener claro el objetivo porque cambiará radicalmente el tipo de acciones que haremos antes, durante y después del evento.
Las 3 razones principales que afectan a las fases del proceso de compra son la búsqueda de notoriedad, el aumento de la consideración de compra y la fidelización.
En la próxima entrada profundizaremos sobre estas 3 razones.