La saudade rechaza toda interpretación como algo estático y se muestra con un dinamismo intrínseco orientado a las raíces mismas del existir. Hay un progreso en profundidad e intensidad en su vivencia, que explica muy bien la diversidad de sus manifestaciones literarias y aclara su tendencia a ocupar toda la vida psíquica de la persona que la experimenta, sin ningún límite concreto, puesto que su culminación coincide justo con su apertura a la Trascendencia.
Andrés Torres Queiruga, Nova aproximación a unha filosofía da saudade (1980).










