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Te defendí de lo que pude. Me puse delante del más grande huracán por protegerte. Siempre quise impedir que te hicieran el más mínimo rasguño.
K. Venturi
Querido hermano (II)
Querido hermano J;
Te he extrañado tanto, he sufrido tanto por el hecho de no verte... Pero por fin estamos juntos de nuevo!
Puede que tú no recuerdes toda la historia que vivimos, puede que no tengas las mismas cicatrices que tengo yo y hasta puede que no lloraras por la noche suplicando unos brazos para consolarte.
Pero demostraste que no hace falta sentir lo mismo para estar unidos. Sé que me entiendes, sé que comprendes lo que cuento y sé que me crees.
Lo sé, porqué yo también tengo la certeza absoluta de que lo has vivido. Pero mi manto de protección para ti se alegra que no recuerdes cada nube negra que se a posado entre nosotros. No te castigues, si no lo recuerdas. Dale tiempo a tu memoria a que sane y sea fuerte. Pero si aún así, no florece ningún recuerdo no sufras. Será que en su día, realicé bien mi trabajo.
Mi trabajo y mi responsabilidad siempre fue cuidarte. Y si no recuerdas mal alguno contra ti, fue porqué yo maté monstruos para ti. Yo me puse delante de ellos por ti.
Querido hermano (III)
Querido hermano GI:
Eres mi mayor orgullo de esta vida y de todas las que vengan después, ¿y sabes por qué? Porqué pude protegerte y porqué sé a ciencia cierta, que el mal que me atormentó a mí, jamás te puso una mano encima. Ahora sé que mis luchas tuvieron un fin. No morí en vano, sangré para que tú no tuvieras que sangrar y lloré porque tú no tuvieras que llorar.
Mi miedo más absoluto siempre fue no saber si mis esfuerzos por protegerte, llegaban a su objetivo. Luché con todas mis fuerzas y jamás acepté una derrota, aun teniendo mi cuerpo destrozado y mi mente por los suelos. Jamás paré de luchar por lo que quería tanto, tú mi querido hermano. Jamás me aparté por dolor, porqué sabía que si me apartaba el que recibirías la tormenta serías tú. Y jamás me apartaré de cualquier tormenta que vaya contra ti. Siempre voy a proteger el sol de tus días, aunque deba sentir de nuevo como se contraen mis pulmones por falta de aire en ellos. Mi miedo más absoluto es que llegue el día en que no esté allí para evitarte la tormenta o que por cicatrices no pueda defenderte como mereces.
Mi miedo siempre va a estar allí, aun sabiendo que no tienes mal cerca. Pero hoy sé que gracias a mis múltiples caídas y tropiezos, tú ahora andas recto por el sendero de la paz. Y aunque no puedo estar siempre allí para protegerte, sé que tus primeros pasos por esta vida fueron felices.
Mi mayor orgullo es sentir que aunque yo tuviera tormenta encima, tú eras feliz y ajeno de toda tormenta. Si es cierto, que no estabas lo suficiente ajeno, pero lo suficiente como para saber cuándo apartarte cuando yo no podía protegerte. Gracias por apartarte, gracias por hacerme recordar que una rosa a parte de sus espinas sigue siendo la flor más bonita del jardín.
Querido hermano, saber que te he protegido me da fuerzas para luchar contra cualquier huracán en esta vida y en la que sea.