“Quiltras”, Arelis Uribe. (Los libros de la Mujer rota, 2016).
Sinopsis.
Quiltras es el primer libro de cuentos de la escritora Arelis Uribe, una joven autora que ha destacado por su labor periodística en distintos medios chilenos, como por ejemplo Noesnalaferia.cl y The Clinic, donde mantiene columnas de género. Hoy nos entrega este libro de cuentos donde aborda temas como la sexualidad entre mujeres, el cuidado y amor por los animales, viajes a pueblos de Chile, el amor virtual, la adolescencia y la educación en Chile, todo desde un punto de vista crítico y agudo, comprometida con su pensamiento político y feminista.
Comentario.
Son 7 historias. 7 historias que buscan darle voz propia a los olvidados, a los invisibles, a los que, en propias palabras de Arelis, “son tan repetidos que llegan a ser anónimos”, a los que no aparecen en las páginas sociales ni en los relatos de moda, esos mismos que se ganan un espacio en las teleseries de la tarde pero ridiculizados, llevados al extremo del absurdo, cuyas formas de vida parecen tan lejanas y extrañas para el mundo del arte. La intensión es clara, esa voz debe sonar fuerte, debe lucir... y vaya que lo logra.
7 relatos que tienen varios puntos en común: son todos periféricos en su localización, todos también tratan temas an universales como el amor, la amistad, la violencia y la juventud pero desde una mirada distinta, desde lo que está escondido bajo la alfombra de este Chile cada vez más arribista y agresivo, y todos, sin excepción, son protagonizados por mujeres.
Cuando hablamos de silenciados, de invisibles, de anónimos, es imposible no volver la mirada a cómo hemos, como sociedad, como familia, y sobre todo como hombres, tratado a la mujeres a lo largo de la historia. Es, junto a los niños, los abuelos, las comunidades indígenas y los gays, trans, lesbianas, etc, uno de los grupos de personas que constantemente minimizamos y violentamos de las formas más variadas posibles y en todo orden de cosas.
Arelis en “Quiltras” entrega su visión crítica de lo que es ser mujer, desde niña hasta adulta, mostrando, enrostrando, las agresiones, el miedo, la intranquilidad presentes solo por el hecho de ser mujer.
Hay una frase en el relato que abre el libro, “Ciudad desconocida”, que cito por lo cruda y decidora que es: “La única defensa es esperar que no pase nada”. Los hombres, pienso, solo podemos empatizar con una declaración como esta, tratar de entenderla a un nivel intelectual, de acercarla a nuestro amor por el otro, a nuestras propias formas de vivir, pero entenderla en su magnitud, desde la guata, desde el físico, es algo que no podemos porque vivimos en el otro lado, en el grupo de los que provocan ese miedo, de los que nutren esa intranquilidad.
Son historias que parecen tan simples, la de una chica que vuelve a su casa muy de noche, caminando con miedo, a la que se le cruza una quiltra que le hace compañía y que es atacada por un perro - bestia que representa el salvajismo de la insistencia, del no escuchar el no, de no entender la negación. Otra historia nos cuenta el periplo de una quinceañera que conoce al que parece ser el amor de su vida a través del chat de Napster, pero que cuando se enfrenta cara a cara con él entiende que todo puede resultar una ilusión, un “amor que no es”, como el título de la canción de Saiko que de seguro estaba en el Playlist de Camila, la protagonista.
Historias urbanas que nos muestran los toqueteos de las parejas en un parque, los besos calientes en el “Entrelatas”, las primeras exploraciones sexuales con la prima, los carretes desenfrenados, las drogas baratas, los copetes inventados, los vómitos mezclados con la angustia y con el desamor. Hay una transición implícita en el conjunto de cuentos que va desde el desenfreno de la juventud, cuando todo parece posible, cuando el futuro parece más abierto que nunca a pesar de aún no ser tocado, y el choque con la adultez y sus cambios inevitables. Hay inocencia juvenil pero también poca responsabilidad paternal, lo que se agradece, porque muestra las relaciones tal y como son.
Acá son igual de importantes las imágenes descritas por Arelis, y las que surgen de esas líneas, las que quedaron sin mostrar, que están ahí, en la historia, pero que es nuestra responsabilidad como lectores encontrarlas.
Los personajes principales, los que guían la historia, nos muestran un desconocimiento de su origen, pero a la vez, un arraigo a la tierra de donde surgen, a la avenida de la pichanga, de los primeros besos con lengua, de las primeras “voladas”, a esas calles que fueron un mundo en sí mismas, que fueron por mucho tiempo los únicos límites por los que se movieron, sin ver más allá del muro.
Tal vez en ellos exista desconocimiento de su raíz, incluso por vergüenza, pero ese arraigo, ese “extrañar” que a ratos nos muestran, esa candidez melancólica por el lugar de la niñez, es un primer acercamiento a la conciencia de clase, al origen. Tal vez.
Arelis nos muestra precariedad, como en el relato “El Kiosco”, precariedad que golpea el rostro cuando se dan cosas por sentadas, por obvias. Angustia de mirar la pobreza tan de cerca. Nos muestra la mentira presente en todo, en nuestras familias, en los medios, en las relaciones que mientras crecemos vamos forjando, como se ha institucionalizados, como se ha transformado en una opción, corrompiendo los juegos, los besos, el sexo y el trabajo. Nos relata eso que no queremos ver, eso que cuando se pone en la mesa rechazamos con violencia, porque quién necesita hablar de cómo están maltratando sistemáticamente a los niños en la Araucanía, quién necesita discutir sobre peleas familiares tóxicas que afectan a los más chicos, a los que no tienen nada que ver. Quién necesita ver esas cosas, si duelen, si molestan, ¿para qué nos vamos a amargar?
En esa misma línea, el eje central del libro, viene a incluir en el tema de conversación social la mirada femenina de cómo se está manejando el mundo, viene a frenar el correr convulso de lo que creemos que está bien y a decirnos “No, acá no está todo bien, acá hay molestia, acá hay violencia, hay maltrato, hay mujeres muriendo, hay otras pariendo guaguas de algún familiar pasado de tragos que no se pudo contenter. Acá no hay nada bien, de hecho, está todo mal” y a repetirlo hasta que nos demos cuenta.
Se ha hablado de que “Quiltras” es un libro femenino, feminista, en realidad, y sí, por supuesto lo es, y eso mismo lo convierte en imprescindible para nosotros los hombres, para entender, insisto, por lo menos a niveles intelectuales, de dónde surge la voz descontenta de las mujeres, de dónde y por qué, y tras ese trabajo de entendimiento, hacernos responsables de lo que hicimos, lo que decimos, y de cómo vamos a llevar nuestras relaciones desde este momento en adelante.
Quiltras es una lectura obligatoria si queremos cambiar las cosas.
Quiltras.
Arelis Uribe.
Los libros de la mujer rota, 2016.
Páginas: 85
ISBN: 978-956-9648-09-0