ENTREVISTA CON BORJA COBEAGA por Ulpi de Diego
El miércoles pasado hubo doble alegría: estrenamos ‘Negociador’, y vino a vernos Borja Cobeaga. No perdimos el tiempo, y aprovechamos la ocasión para mantener una breve charla sobre filias, fobias y cine que no tuvo desperdicio.
¿Cuál es tu primer recuerdo cinematográfico?
Era muy niño, estaba medio dormido, recuerdo despertarme en el cine y estar viendo ‘El imperio Contraataca’. Nunca olvidaré abrir los ojos y encontrarme en mitad de la batalla de la nieve de Hoth.
¿Buscamos esas primeras impresiones en las películas que vemos a lo largo de nuestra vida?
Desde luego, a veces piensas, ojala hubiese visto esto de pequeño porque me hubiera impresionado muchísimo más. Siempre andas buscando esa sensación que tenías viendo ‘Indiana Jones’ las primeras cien veces. En mi adolescencia me impresionó mucho ‘La Madre muerta’, y he de decir que hace poco, ‘Magical Girl’ me removió de forma parecida.
¿Cuál es tu secuencia de comedia favorita, la que te gustaría llegar a hacer?
Hay un montón, pero la llegada de Gene Wilder encontrándose con Marty Feldman en ‘El jovencito Frankenstein’, siempre me ha encantado. Es mi comedia favorita.
‘Pagafantas’, ‘No controles’, ‘Éramos pocos’, ‘Democracia’, incluso en ‘Ocho apellidos vascos’, siempre encontramos un personaje resignado, alguien que no acepta lo que le toca,que se empeña en otra cosa
Efectivamente, alguien capaz de llegar a aceptar una situación que vaya contra sus principios con tan de salirse con la suya ¿Te gustan los personajes que parten de ese conflicto interno?
Me interesan mucho los tonos, la ternura y la crueldad. Todo eso combinado es algo que siempre he querido ver en el cine. Me es indiferente que la balanza vaya hacia un lado u otro, el tema de los antihéroes siempre me ha fascinado.
En tu mediometraje ‘Aupa Josu’, la política se presenta en términos oportunistas con los medios ¿El comportamiento ante la prensa, y la verdadera cara de un personaje público pueden dar mucho juego para la comedia, no?
Afectados por guionistas como Aaron Sorkin y series como ‘El ala oeste de la Casablanca’ observamos un idealismo falso, un humanismo brutal. Cuando en lo que yo creo es en la mezquindad, no hablo de grandes idealistas ni en malvados de colmillo retorcido. Creo en la gente mediocre, en la gente del montón. Por mucho que nos cueste aceptarlo la pereza y la chapuza mueven el mundo la mayoría de las veces.
En tus últimos proyectos me da la sensación de que has tendido a poner los nacionalismos como algo que no puede utilizarse como excusa para sentirse especial, ¿crees que muchos utilizan este sentimiento y se olvidan por completo de proteger la diversidad cultural como forma de riqueza de un país?
Para mí la solemnidad y lo de sentirse especial por cualquier cosa es algo que no soporto, ya sea considerando el nacionalismo español o cualquier otro. Me repele que alguien se sienta superior o diferente al resto. En realidad nos parecemos todos mucho. En la misma profesión del cine, la gente se imagina un mundo irreal, nos recrean tomando absenta en un café decadente, cuando es un trabajo más. Lo importante en este caso sería considerar el oficio, la profesión. Da igual que seas carpintero, fotógrafo o lo que sea.
¿Qué ha supuesto para ti ‘Negociador’? ¿Estás contento con cómo te ha quedado?
Sí, por el tamaño y por todo podría decir que es mi peli más personal. Ha sido un proyecto que nadie me había pedido, que he hecho yo con mi productora, y estoy muy contento. La peli ha salido tal y como quería hacerla. Además me ha dado mucha satisfacción que haya coincidido con un éxito comercial como el de ‘Ocho apellidos vascos’, tener esas dos caras de cara a la industria es algo que me encantaría poder perpetuar, no dejar de hacer comedia muy popular con vocación de carcajada y otra de un carácter más serio, más seco, como ‘Negociador’ por ejemplo. Lo firmaba ya mismo.
Me gusta cómo te fijas en los detalles que hacen grande una historia, algo que directores tipo Payne, los Cohen, Wes Anderson, o Hal Ashby, siempre han practicado con grandes resultados. Al evolucionar como autor ¿Vas encontrando un tono más acorde a lo que quieres contar?
A mí no me interesa la comedia que surge de algo que quiere ser gracioso, sino la que pone el foco en cosas determinadas. En ‘Vaya Semanita’ funcionábamos así, no nos inventábamos nada, simplemente poníamos la mirada en detalles que a mí, al fin y al cabo, me parecen graciosos. Es un tipo de comedia que se fija en el factor humano, en los detalles. Me hace mucha gracia, no lo puedo evitar.
¿Qué me puedes contar de ‘Superlópez’?
Sólo te puedo decir que es una tremenda responsabilidad…
En ese momento, Borja tuvo que entrar a la sala para continuar la charla con todos los que acudisteis al estreno de la película. Os dejamos con la crítica.
La simetría es imposible, como ilusión óptica tiene su aquel, pero respecto a las relaciones humanas olvídate. Se puede indagar en el valor de las formalidades, en lo rituales para establecer una negociación… ¿O era un diálogo? Da igual, al final todo son excusas, demagogia barata para llevarse el gato al agua. Si hay que estar de acuerdo en algo pues se está, tampoco vamos a estar aquí hablando mil horas ‘pa na’, pero no me toques el orgullo, eso me lo llevo tal cual, después de todo ¿por qué iba a creer en otra cosa?
En ‘Negociador’ las reglas del juego van por un lado, el esfuerzo por mantenerlas y la tremenda humanidad que sostiene la historia por otro. Las relaciones, lo que nos apetece, lo que no, los momentos, eso sí, con eso se puede negociar, con el ‘postureo’ imposible. Si la vida es minuciosa ¿por qué no va a serlo un asunto de estado? ¿Y por qué no una película?
Borja Cobeaga nos regala una fantasía de lo más creíble, una oda a la cotidianeidad, una visión en paralelo del amor por las gastrotascas, el odio hacia los fanatismos y la falsa terminología que los encubre. Si al final cada uno va a usar una palabra como le salga de los cojones ¿Qué importa el uso que queramos que tenga?
Manu Aranguren se parece tanto a Ramón Barea que nos alegramos un montón de que por fin le hayan dado un papel protagonista a su altura. Desde un traje sin planchar nos demuestra que la sofisticación es algo menor cuando se persigue un propósito claro. Que nadie lo dude, si eres capaz de ir de la bajeza a la excelencia en el tiempo que tarda en vaciarse el mini-bar de una habitación pagada, estás capacitado para lo que tenga que venir, vergüenza ajena incluida.
En ‘Negociador’, el guión deja atrás las efectivas e irrisorias técnicas humorísticas de ‘Pagafantas’ y ‘No controles’ para centrarse de forma muy precisa en la risa puntual que ya comenzó a desarrollar en sus cortometrajes: ‘Éramos pocos’ y ‘Democracia’; o el mediometraje ‘Aupa Josu’, pero con un sentido estético mucho más escrupuloso, en donde, sin grandes despliegues, la dirección de arte y el vestuario se unen a una fotografía fresca como el verde del Norte, que logra trabar todo hasta hacer pil pil.
Por pedir algo más de guarnición que no quedé, diez minutos más hubieran bastado para desarrollar algunos personajes que nos gustaría haber conocido un poco mejor, pero el buche se queda bien lleno con lo que Cobeaga ofrece. Aquí os esperamos con el guisito.
Te gustará si: Crees que se puede comprender sin escuchar pero nunca al revés.