La ceja del dragón se alzó. No era ningún estúpido, sabía que estaba en terribles condiciones y pese a que la hechicera estaba tratando de incorporarse, el aroma a su sangre no dejaba de sofocarle la nariz. Cazar inmediatamente no era opción.
—Escucha, creo que lo importante ahora… —murmuró, acercándose a ella para pasarle el brazo por la cintura y ayudarle un poco más. No es como que él estuviese mejor, también sangraba de profundas heridas abiertas, pero parecía un poco más vivo que ella— es llegar hasta el arroyo y limpiarnos esto. Somos un desastre. Lynn, no creo poder atrapar ni a una tortuga ahora mismo —.
Si le daban la opción de solo quedarse ahí tirado entre el terroso bosque, maldita sea, lo haría. Le comenzó a guiar pues hasta el lugar que buen memorizado tenía ya, siguiendo de paso su olfato solo por si acaso pues aún estaba algo aturdido. Aunque iban a paso lento, pronto pudieron escuchar el correr del agua, y un suspiro de alivio abandonó los labios del dragón. Incluso el ambiente se sentía más fresco y eso le revitalizaba.
Con cuidado y sin dejar de guiar a la pelirroja, avanzó hasta el arroyo. El agua fresca hundió primero sus pies, piernas, y finalmente se detuvo cuando ésta les llegó a la cadera. La frialdad del agua lastimó sus heridas abiertas, pero era mejor que estuviesen limpias.
Poco a poco aquel líquido cristalino que les rodeaba se tiñó con leves matices de rojo, hasta que finalmente la sangre logró coagular y se detuvo. Al menos en las heridas menos importantes y que no necesitarían sutura. Estaba tan cansado que siquiera se había molestado en sacarse los andrajos que usaba por ropas.
Una sonrisa se abrió paso entre sus labios e incluso dejó salir un pequeño sonido parecido a una risita aunque fue enmudecida casi al instante por un jadeo de dolor. La pelirroja apretó los dientes para tolerar las sensaciones que azotaban su cuerpo y se apoyó un poco en él cuando le ofreció soporte.
Eran vulnerables, una presa fácil para cualquiera que se los encontraba y Lynette realmente deseaba que la suerte estuviera de su lado; sentir la frescura en el ambiente causó en su piel un notorio estremecimiento que fue reemplazado por el ardor en las heridas fueron tocadas por esa cristalina agua, la muchacha trató de suprimir las lágrimas pero una que otra si se le escapó y rápidamente las limpio mientras se echaba agua en la cara con las manos.
Se mantuvo en silencio unos cuantos minutos, todavía estaba pensando acerca de lo que había sucedido, esa batalla incesante que había causado la muerte de miles, incluido aquél desgraciado traidor. Se dio cuenta también de que todo había acabado, su propósito había sido cumplido.
—Merrick —lo llamó y giró el rostro para mirarlo a la cara, estuvo así, observándolo, había logrado tantas cosas gracias a él y probablemente si no fuera también por su compañía ya estaría muerta. Sintió un nudo formarse en su garganta pero no dejó que saliera — ¿Qué es lo que harás ahora? ¿Tienes algún tipo de plan por si salíamos victoriosos? —cuestiona interesada, en un principio ella había pensado en suicidarse pero ahora no estaba segura de si eso sería suficiente. Compartir sangre, dolor y muerte con el dragón le enseñó el valor de la compañía y no quería perder de nuevo lo único que podía llamar familia pero tampoco pensaba interrumpir los anhelos ajenos.