No he tenido mascotas. Bueno, unos hámsters, unos peces y algún pajarillo rescatado, con los que apenas da tiempo a sentirse dueño de una mascota. Ni siquiera creo que sea apropiado decir “dueño”, porque la posesión de seres vivos es algo que me resulta extraño. No he tenido mascotas pero he convivido con mascotas de la familia, a las que he apreciado y a las que he echado mucho de menos cuando se fueron. No he tenido mascotas porque sufro cuando otros sufren y me da miedo no entenderlas en sus necesidades. Me da miedo no ser un buen compañero para ellas, no estar a la altura de su humanidad, porque tengo claro que, en la vida real, somos los humanos los que no estamos al nivel de los animales. Aunque no he tenido mascotas, me hubiera gustado tener el valor de tenerlas, porque para tener mascotas hay que ser valiente y defender para ellas lo que querrías para ti: por ejemplo, a una mascota no la tendrías trabajando horas y horas sin descanso, ni la humillarías, ni la maltratarías, ni la dejarías sola en su dolor o en su tristeza, como no te gustaría que te lo hiciesen a ti. No he tenido mascotas, pero algún día, cuando tenga valor suficiente, tendré una mascota, un perro o un gato de esos abandonados que aparecen a diario en mi muro del Facebook, a la que trataré como a un amigo, como a un hermano, sin olvidar que es un animal, sin olvidar lo humanas que son.