Aprendemos a reparamos nosotros mismos a falta de alguien que empatice con nuestro dolor y lágrimas.
Aprendemos a coserlo con un mucho de ese llanto que sana, unas palabras amables y empezando a amarnos a nosotras mismas, cultivando el amor propio y poniéndonos cómo prioridad.
Es difícil, cuesta trabajo; pero de a poco queda de nuevo listo, lo logras manteniéndote en paz, con deliciosos y amados momentos, con la tranquilidad que da el saber que todo pasa, incluso un gran amor.
Leregi Renga









