3004- La riqueza de una persona se mide por la cantidad de cosas que no cambiaría por dinero.

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3004- La riqueza de una persona se mide por la cantidad de cosas que no cambiaría por dinero.
En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia— Efesios 1:7
Ainda que nos tirem tudo, a nossa maior riqueza está dentro de nós. Olhe para as coisas do alto. Acumule as riquezas do Reino ainda aqui. Viva o presente sabendo o futuro maravilhoso que teremos: a Eternidade.
Lauren Christ em Devocional 30 dias: um coração ensinável, p. 36
El SEÑOR detesta las balanzas falsas, pero aprueba las balanzas exactas. Proverbios 11:1
“Nenhum servo pode servir dois senhores; porque, ou há de odiar um e amar o outro, ou se há de chegar a um e desprezar o outro. Não podeis servir a Deus e a Mamom (dinheiro).” -Lucas 16:13
El mundo es injusto.
La desigualdad se produce en cuanto nacemos.
Hay gente que nace con talento y gente que no.
Hay gente que nace con riquezas y gente que nace pobre.
La gente afortunada tiene una vida bonita y la gente desafortunada tiene una vida miserable.
Pero no hay que desesperar por la desigualdad.
Y eso es porque la muerte es justa con todos.
El Ascenso a Dios
Photo by Jakub Stekla on Unsplash
Evangelio: Mateo 5:1-12a IV Domingo Ordinario | USCCB
Porque Dios es misericordioso, su voluntad ha sido que las almas que lo aman y que renuncian las cosas banales por El reciban aun en esta vida las doscientas veces mas que Jesús prometió. Por ende, tenemos las Beatitudes que el Señor predico en el monte; y aunque las vemos a través de las sombras de la imperfección que no desaparecerá por completo mientras permanezcamos en este valle de lágrimas, en este exilio terrenal, las Beatitudes son las cumbres de la perfección y la felicidad que nos guían a lo gloria misma.
Las Beatitudes pueden ser una fuente de consuelo para almas que añoran por una migaja de amor y están sedientas de felicidad.
Las Beatitudes son un suspiro, un aliento de vida nueva para las almas que han aguantado mucho. Son un nuevo aliento, para alentar a vivir allá en esas mansiones, en esas cumbres, respirando la brisa de las alturas del Señor; y dejarse llevar y sentirse enaltecido porque Él te levantara sobre alas de águila, “y te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio” (Ps. 91:4).
Las Beatitudes son una maravillosa cadena de montañas de las cuales cada pico es un escalón en el ascensor que llega hacia Dios.
Cada una de las Beatitudes, en las palabras de Santo Tomas, "es algo perfecto y excelente—una cumbre en si mismo/a; y a la misma vez es el comienzo de una felicidad por venir aun en esta vida".
Todas las Beatitudes son cumbres nobles, pero hay una constante ascensión desde las primeras hasta la última, que nos promete la gloria misma.
Primero, la libertad del desprendimiento, o desapego que nos da la pobreza del espíritu, la frescura de las lágrimas; luego la plenitud de la justicia y la gentileza de la misericordia; y muy cerquita del cielo, la luz de la pureza, la paz del amor y el estasis del martirio.
Cuando Jesús dejo abrir sus labios para revelarnos los secretos de las Beatitudes, nos pintaba un paisaje del ascenso espiritual hacia la felicidad y de las cualidades que deben tener los que ascienden al cielo porque nos estaba revelando un auto retrato de El mismo, el discípulo perfecto que encierra todas estas cualidades, Jesús, pobre de Espíritu que lamenta y duele por su gente, que es manso y tierno y tiene hambre y sed de justicia, es misericordioso y puro de corazón y busca la paz y cuando lo hieren, lo insultan y humillan pone la otra mejilla. Es perseguido por anunciar el Reino de Dios.
El primer paso por quien desea alcanzar la vida bendecida descrita por las Bienaventuranzas es renunciar, sinceramente, totalmente, y completamente a las alegrías falsas y pasajeras que ofrecen las cosas vanas de este mundo como los honores, las riquezas, los carros caros incluso nuestra reputación y todas aquellas cosas que otros nos pueden quitar.
Por más de veintiún siglos el antídoto contra la vida vana y la felicidad engañosa de riquezas, honores y placeres se ha desplegado en las paginas de los Evangelios: Pero ¡ay de ustedes los ricos! Porque ya están recibiendo todo su consuelo.
»¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados! Porque tendrán hambre. ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen! Porque se lamentarán y llorarán.» ¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! (Lk 6:24-26). Pero la gente no sabe como leer los Evangelios. Deslumbrados por el mundo, ya no toman en serio la palabra de Dios. Por eso cada vez hay menos y menos gente feliz en el mundo. Muy poca gente tiene el valor de atreverse a ser feliz porque la felicidad verdadera se encuentra en Jesús, con Jesús y a través de Jesús.
Es difícil arrancar nuestro corazón de las cosas pasajeras de este mundo como las riquezas, los carros caros, los títulos de honor, las cenas de gala, para entregarle nuestro tiempo y nuestro corazón a Jesús. Aun así, la felicidad no se encuentra en estas cosas: El Reino de Dios esta dentro de ti.” Porque el reino de Dios no cobra vida en la comida ni en la bebida, sino en la justicia, en la paz y alegría en el Espíritu Santo que solo podemos conocer a través de Jesús (Rom 14:17).