Los párpados de Amelia se abrieron de par en par, revelando la sorpresa que invadía sus sentidos. En realidad, no era nada del otro mundo aceptar el hecho de que su prometido era un hombre muy apuesto y galante. Sin embargo, hasta el momento en que su atención no fue desviada por tales impactantes revelaciones, nunca habría considerado la posibilidad de que el pelirrojo también tuviera un torso bastante regio.
Pero, ¡un segundo…!
— !!!!
No debería estar mirando eso con tanta insistencia.
Y tan pronto como la encontró, devolvió la fotografía al pequeño cajón del escritorio que se encargaba de esconderla. De seguro Sigmund se molestaría si la descubría husmeando en el estudio, pero fue un accidente hallar la aquella ilustración mientras buscaba otros documentos.
Además… Debía mantener su postura como una dama a toda costa, ¿no? Por supuesto que no se lo comentaría a absolutamente y lo borraría de su memoria para siempre.
★ || @supernn0va













