--Yo odio a los violentos, si sigues haciendo lo que te viene en gana romperemos, te lo juro.
--Está bien, cambiaré --le respondía vagamente él.
Pero ¿y ahora? Ahora son las cosas las que han cambiado. Ya no están juntos. Ya no necesitan esconderse más. Ya no tiene que ser otro. Puede ser él mismo, cómo y cuándo quiera. Ahora está libre. Violento y solo. De nuevo.
A tres metros sobre el cielo —Federico Moccia














