Que si podemos ir a comer algo a Mama Bear’s Place luego de la escuela, o luego del trabajo, o cuando sea; que si podemos pasar un ratito por la mañana, a tomar desayuno; que si la podemos invitar a pasar con nosotros tu cumpleaños, o el de la abuela, o el del perro. Con muchas de esas cuestiones se encontraba viviendo a diario Ronald, quien hacía lo imposible por mantener a su hijo contento. Si Alfie estaba feliz, entonces él igual podía estarlo. Lo que le preocupaba, sin embargo, era su obsesión por ir a aquel lugar tras ese día en que la camarera más amable se preocupó de hacerle sentir bien incluso cuando le había dado un poco más de trabajo. Un libro de colorear y más de algunos minutos de su tiempo durante los días siguientes a ése bastaron para enamorar a su hijo. Temía, sin embargo, que éste la comenzara a ver como una segunda oportunidad de tener a una madre, incluso cuando la biológica aún andaba por algún lugar del mundo.
Entraron, tras muchas insistencias, esa tarde nuevamente a Mama Bear’s Place. Alfie ya se sabía de memoria los horarios de su camarera favorita y no estaba dispuesto a dejarla pasar sólo porque su padre se encontrase cansado. ¿Cansancio, qué era eso cuando podían verla a ella? Tenía que admitir que algo de cierto tenía. ---¡El sábado estoy de cumpleaños! ---anunció animoso apenas entró, el pequeño, seguido un par de segundos más tarde por el padre. ---Obviamente estás invitada, y obviamente no puedes faltar ---dejó la colorida invitación sobre la barra, antes de subirse al banco, que era un poco más alto de lo común como para que él se subiese sin apoyarse de todo. ---Lo siento, creo... creo que le eché mucha azúcar a su jugo esta mañana o... ---negó despacio, pasándose la mano por la cabeza, y sentándose al lado de su pequeño. Una sonrisa le dedicó a ella, esperando que el cansancio de sus ojos no se notase demasiado. --- @mclattes













