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Mañana cumplo 34 años y no sé cómo sentirme al respecto.
Hace cuatro o cinco años era una persona completamente distinta, tal vez hasta un baquetón.
Me cayó el veinte; como buen mexicano, a la última hora y en momentos de crisis.
Quise reparar platos rotos, intenté correr en todas direcciones para sanar heridas que hice. Heridas profundas realizadas con el filo de mi ineptitud, pereza y una carencia de proactividad.
Estaba embelesado, enraizado en la comodidad.
Lo peor: lo logré.
El movimiento en la crisis fue el combustible que necesitaba. Tuve resultados prometedores, me demostré a mí mismo que podía hacer cosas cuando me lo proponía, podía ser aquel ser proveedor, protector y proactivo que por mucho tiempo se me pidió. Lamentablemente, no pude salvarlo todo.
Pero me pregunto si vale la pena, a pesar del daño colateral.
Tal vez es porque ya alcancé esta meta y necesito más, quizá ya me aburrí, probablemente no es lo que esperaba. Agradezco cada gesto, cada felicitación, mi red de apoyo siempre al pendiente, pero me siento un poco… incompleto.
No estoy al borde del suicidio, no pienso arrebatarme lo que tan duro he sembrado y estoy cosechando, pero no sé cómo más medir mi progreso.
Mañana cumplo 34 años y no sé cómo sentirme al respecto.













