Cine: Sam Burdette
Eddie Palmer (Justin Timberlake) acaba de salir de prisión tras una condena por tentativa de homicidio y robo, nada menos. Ha recibido la libertad condicional, por lo que debe cuidar mucho sus pasos, y recala en casa de su amada abuela Vivian (June Squibb), una mujer de fuertes convicciones cristianas que lo ha criado desde la muerte de su padre. Una vez establecido, nota la presencia de un remolque vecino (lo que en Estados Unidos llaman RV) en el que una mujer y una niña parecen jugar. Más pronto que tarde, descubre que la mujer se llama Shelley (Juno Temple), es una drogadicta que convive con su pareja abusiva (Dean Winters) y la niña... es su hijo Sam (Ryder Allen), a quien su personalidad no muy masculina (es fanático de una serie animada sobre hadas y princesas voladoras a tal punto que sueña con formar parte del club que el programa ha lanzado) le depara muchas experiencias fatídicas con sus compañeros de escuela.
El pequeño suele pasar un tiempo con Vivian, lo que, en presencia de Palmer, comienza a desarrollar una relación cada vez más filial entre ambos. El hombre, que al principio lo miraba con algo de recelo, llega a convertirse en una creciente figura paterna capaz de arriesgar su libertad con tal de defenderlo del bullying de sus compañeros... y de otros adultos. Y no es para menos: el pequeño, que suele pasar tiempo "tomando el té" con su mejor amiga Emily (Molly Sue Harrison), es un derroche de ternura, inocencia y simpatía. Alguien capaz de incentivarle para intentar adoptarlo y así salvarle de un muy posible destino trágico; al ex convicto le acompaña Maggie (Alisha Wainwright), maestra de Sam, a quien conoce debido a su trabajo en la escuela y de quien llega a enamorarse.
Dirigido por el también actor Fisher Stevens, el relato es un abierto llamado de atención sobre los prejuicios, algo justificados en alguien con el historial de Eddie e inequívocamente crueles en el caso del dulce Sam, la intolerancia y los abusos de todo tipo.















