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"Trabajé años en una oficina que ni siquiera tenía ventanas, la llamaban el submarino. Tomaba cocaína en los baños y fumaba sin parar. El humo suspendido no me lo olvido más, tampoco el olor en la ropa, ni a mi compañero que también fumaba y estaba sentado tan cerca que me quemaba el pantalón o la pollera con su cigarrillo. Salía y en general tomaba el subte hasta casa con otra gente cansada, o el tren cuando vivía más lejos con gente aún más cansada. Y trabajaba los sábados porque en un diario no es de lunes a viernes. Me ponía tan contenta cuando alguien me invitaba a salir el sábado; no salir yo sola, eso lo hacía siempre, a veces justo después de la oficina, a tomar cerveza o vasos de vino porque eran más baratos, y vomitar en algún baño o cuando llegaba a casa. Porque nunca supe tomar alcohol sin emborracharme, no tengo botón de off. Eso no. Alguien que me invitara. Recuerdo alguna de esas salidas, el vestido negro de lana que me salvaba del frío, y el chico de pelo azul que me besaba en una terraza, las colas para ir a bailar a fiestas donde pasaban nuestra música, y mirar en el vidrio como quedaba el pantalón de cuero negro, la película de David Lynch y después el bar donde comentarla. Lo que sea que me hiciera felíz un sabado a la noche, una salida compartida con alguien que entendiera lo desangelada y triste que puede ser una vida de oficina. Alguien que no dijera pavadas como que hay trabajos peores, alguien capaz de pensar que, a pesar de ese trabajo que tritura el espíritu, la ciudad algunas noches (especialmente la del sábado) puede ser un lugar donde jugar, donde el lápiz labial retocado con obsesión no se corre, donde las canciones siempre suenan como el futuro. Las noches de sábado, cuando las chicas que se pasaron la semana con la espalda dolorida y el pelo imposible de domar, se calzan tacos y anillos y piden un taxi porque pueden darse ese lujo." (Mariana Enriquez; "Las oficinas que te queman el alma", 2023)
– ¿Y te diviertes los sábados y domingos?
Yo:
"HAY GENTE QUE ADEMÁS DE GUSTARLE TU CUERPO LE GUSTA TU ALMA. Y ADEMÁS DE QUERERTE LOS SÁBADOS, TAMBIÉN TE BUSCA LOS DOMINGOS."
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Nos mirábamos los sábados, para quejarnos de los días hábiles, y hoy que ya no estás, mis domingos se sienten agrios y vacíos.
Los fines de semana deberían resumirse a comer papitas y dormir junto a ti.
Fuente: as-if-its-your-last-time