EN SAIGÓN
No había nadie en el muelle para recibir a nuestro barco. La ciudad francesa con la que había soñado flotaba en el mar anónimo de una colonia oriental. Sacaron por la escotilla envuelto en lona blanca, flameando, el cuerpo de un empleado civil que se había degollado con una navaja.
Ése fue nuestro Saigón. El sufrimiento de Francia era el sufrimiento de su gente; pero ¿se dolía nuestra patria de la agonía de sus tropas? Sobre la tricolor de un acorazado se tendía el cielo infinito de una nación derrotada. Cuando muchos amigos han muerto y más siguen muriendo cada día, se sienten gusanos reptando bajo la piel de los vivos... Los soldados enfermos musitan, hablando con los recién fallecidos.
En la brisa cegadora —con la navaja de afeitar que liberó a esa joven alma en nuestros pescuezos— vimos alejarse el bote con la camilla, surcando lento las verdes olas.
Ayukawa Nobuo












