¡SaKuRiMo0n cumple 7 años hoy!
¡WOW! Como pasa el tiempo.

#dc comics#batman#dc#dick grayson#tim drake#bruce wayne#batfam#batfamily#dc fanart




seen from United States

seen from Türkiye
seen from Bangladesh

seen from Poland
seen from Japan

seen from Poland

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from Russia
seen from Germany

seen from United Kingdom

seen from Switzerland

seen from Poland
seen from United States
seen from Poland

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom
¡SaKuRiMo0n cumple 7 años hoy!
¡WOW! Como pasa el tiempo.
*CRASH*
Fue el sonido que hizo el cuaderno cuando se estrello con la pared de la habitación.
Esto no estaba funcionando... Si era sincera consigo misma, era porque estaba completamente segura que ella no era igual a la chica del libro que leyó hace tiempo. La tal Mía tenía paciencia para escribir sus desgracias en un diario, pero ella no. Y la frustraba el hecho de que todos pensarán que necesitaba escribir su estado emocional en un estúpido diario.
No podía y no lo haría. La razón, muy fácil. Ella no necesitaba exteriorizar sus sentimientos como esa chica incompetente que no podía expresarse correctamente. Ellas no se parecían en nada.
Aunque si tenía que admitirlo, lo único que tenían en común era el título de "princesa", pero nada más. Seguramente si vivieran en el mismo mundo y estuvieran frente a frente no se llevarían nada bien.
Mía era una chillona, mientras que ella era totalmente lo contrario. Pero... Ahora que lo pensaba mejor, se le ocurrió como lidiar con sus sentimientos "contenidos", como lo llamaban sus maestros.
Después de todo, ella tenía su propio Michael con quien liberar tensión.
Pero siendo más sincera, él era más Sir Nicholas que Michael. Y le gustaba más de esa manera.
¡Puaj! Asquerosas naranjas.
Entendía que la fruta no tenía la culpa, de verdad que si. Pero el hecho de que no pudiera ni verlas le molestaba en demasía.
Sabía que su estado contribuía mucho a su reciente aversión a la fruta. Pero estaba segura que el hombre causante de su estado tenía la culpa total de su disgusto. El amaba las naranjas, era su fruta favorita, por ende lo normal sería que tuviera antojo de ellas... ¡Pero no! Va y resulta que todo apunta que su hijo la odia ¡Y aún no ha nacido! No quería imaginar cómo sería cuando finalmente lo hiciera.
Lo único bueno del asunto es que si ella sufría, no sufriría sola. Si ella no podía comer naranjas, él tampoco lo haría.
Sonrió.
Después de todo ella mandaba en esa casa y estaba segura que la servidumbre estaría más que encantada de retirar la fruta de la lista de compras.
¡Adiós naranjas! Hasta dentro de tres meses.
Más rápido. Más rápido. Más rápido.
Eso era lo que se repetía una y otra vez mientras corría lo más rápido que podía entre todas laa personas que había en la ciudad.
Necesitaba llegar a tiempo, de lo contrario se arrepentiría toda la vida. Tenía que detener esa boda, costará lo que costará. Sabía que era estúpido y demasiado precipitado, después de todo lo decidió al último momento. Sería su último intento de un final feliz por el que lucharía.
¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong!
Se detuvo abruptamente, una calle era lo único que lo separaba de la torre del reloj que tenía frente a él. Pero el sonido de la torre lo dejó congelado. Levantó la vista y sus ojos se fijaron en las agujas que indicaban la hora.
La hora que marcaba el final de su final feliz.
Había llegado tarde, su cuerpo lo sentía y sus ojos lo verificaron cuando al apartar la vista de la torre pudo observar como los novios salían de la iglesia mostrando el inicio de una nueva vida... el final de la suya.
¡Maldición!
Nada de esto tenía sentido. Se supone que sería fácil, entrar, sacar el objeto y salir. ¡Pero no! Todo se fue al traste en unos cuantos segundos. Y ahora no solo, no tenía su preciado tesoro, sino que, ya ni el equipo necesario para salir de esa cueva tenía. Lo único con que contaba era su ingenio y una estupida vela —cortesía de la dueña de su alma—.
Esa mujer era todo un caso, estaba más que seguro que en cuanto lo viera regresar con nada más que ese pedazo de cera, se echaría a reír sin dudar. Más cuando antes de irse lo había detenido y de lo más divertida le soltó.
—Espera querido... Llévate esta vela, solo por si acaso. No quiero que te pase nada malo. Además uno nunca sabe cuando va a necesitar una fuente de luz que no necesite electricidad.
Definitivamente esa mujer era un demonio que podía ver el futuro.
Respira.
Piensa algo bonito.
Cálmate.
Mentiría si dijera que tenía unas tremendas ganas de matar a alguien. Enserio... No era broma.
Pero nadie podía culparla, menos en su estado. Y es que con cada mes que pasaba y se agrandaba más, sus hormonas se disparaban sin consideración y la más leve provocación ocasionaba unos estllidos emocionales que asustaban a quien estuviera junto a ella.
Justo ahora, realmente cometería un crimen atroz si nadie callaba al fastidioso pájaro que no paraba de trinar desde que se despertó. Su paciencia se estaba acabando y el punzante dolor de cabeza poco a poco nublaban su juicio.
Estaba segura que nunca en su vida volvería a aceptar un "regalo" como ese. De por si nunca le han gustado los animales y no quería despreciar los buenos deseos de la persona que le regalo el ave con el pensamiento de una mascota para el nuevo miembro de la familia.
No volvería a cometer ese error nunca, jamás, en la vida, otra vez.
Silencio.
Por un momento se extraño. Pero después de ver quien salia por la puerta junto a una jaula en sus manos, supo que el padre de su hijo no era estúpido.
Lo mejor sería deshacerse de la molestia antes de que perdiera la vida o peor, terminará como la cena.
Seguro que alguien se lo llevaría, los colores del animal eran bastantes raros y algo tan exótico no pasaría desapercibido por nadie.
Era lo mejor.
Finalmente podía estar en paz.
Solamente serían ella, su buen humor y el ser en su interior.
Salto.
Salto.
Salto.
Aterrizaje perfecto.
O casi perfecto, de no ser por las claras huellas que dejaron sus botas en el suelo, diría que su incursión en la instalación habia sido impecable.
Odiaba más que nada el hecho de que era siempre lo mismo con su calzado, de no ser por esas marcas en el suelo, nadie sabría sobre las visitas que realizaba con frecuencia.
Las desecharía, pero... Eran parte de su tan pintoresca vestimenta y daría una muy mala presentación si su ropa y sus zapatos no combinarán.
Además, no es como si hubiera muchas opciones para lo que hacía. Allanar propiedad privada y robar tecnología clasificada no es exactamente lo que dices cuando la dependienta de la tienda te pregunta a que te dedicas y para que necesitas una tonelada de ropa negra y ajustada. Sin mencionar las enormes botas militares.
Las malditas botas y su jodida suela que deja huellas marcadas con cada acrobacia que da.
Quizá, si revisaba con cuidado algo de lo que robaba, encontraría una manera de hacer que las suelas de sus zapatos dejaran de dar evidencia de su jornada nocturna.
Pero... Eso sería en otro momento. Justo ahora era momento de entrar en acción y hacer lo que mejor se le daba.
Esta cancion me encanta, me hace sentir nostalgica.
Tambien es el opening de New Prince of Tennis.