Un Gomer De Maná
Hemos aprendido mal de los Salmos. Muchas veces hemos justificado nuestros reclamos hacia Dios dando mal uso al clamor de los salmistas. Y hemos aprendido mal al no bendecir a Dios de la manera que los escritores de estos cánticos lo hacen.
Sabemos que los Salmos eran composiciones musicales en su mayoría, si no en su totalidad. La música siempre ha estado estrechamente ligada al punto emocional por el que el compositor está atravesando. Por eso los Salmos son tan personales, tan emotivos y tan sinceros. Pero tengamos cuidado: no son excusa para dirigirnos a Dios como se nos de la gana. Es el Rey del Universo Aquel a quien estamos hablando.
De la misma forma que he aprendido de los Salmos a expresar mis peticiones y mi dolor delante de Dios, es importante que aprenda también a alabarle y dedicar más tiempo en mi clamor a Bendecirle a Él que a pensar en mis deseos. Cuando entendemos lo pequeños que somos ante Dios, nuestros reclamos parecen carecer de sentido, y de hecho no lo tienen. Cambiemos el enfoque de nuestra oración: QUIEN IMPORTA NO SOMOS NOSOTROS, ES EL SEÑOR














