Atrás dejó la habitación y la casa de Mercedes. De nada habían servido sus suplicas de que se quedase con ella, ni sus abrazos rogándole que se quedara y tratara de calmarse. Todo aquello era inútil. La rabia que sentía ahora mismo por Finn, condujeron por él el camino que separaba la casa de Mercedes de la de la familia Hummel-Hudson. Atrás quedaba olvidado todo lo que días atrás el moreno había hecho por Sam. Cuando lo había ayudado o las veces que lo había defendido. Los buenos momentos que había pasado con él, las fiestas. No. Había besado a Mercedes, la había llevado hasta el punto de hacerla llorar y eso no se lo iba a perdonar.
Aporreó la puerta, mientras sus pies no paraban quietos. Ojala estuviera en casa. Ni si quiera había pensado en qué iba a decir exactamente, lo único que pensaba era en darle un gran puñetazo. Uno que le quitara las ganas de besar a alguien durante un tiempo.
- ¿Qué es esa manera de llamar, por Dios? – Dijo una voz fina mientras abría la puerta. – Oh, Sam. – Exclamó Kurt al darse cuenta de quién era.
- ¿Dónde están tus modales, Sam? La manera de llamar, ni un ho-…
- ¡Kurt, responde! – Lo interrumpió. - ¿Está o no está tu hermano? – Su comportamiento seguía siendo hostil.
- Ummm – Dijo nervioso. – Creo que está arriba, pero…
Sin poder decir nada más y de un empujón apartó al chico de la puerta y subió rápidamente las escaleras buscando la habitación que era de Finn y abriéndola, encontró al chico sobre la cama, él cual se sobresaltó.
- Sam, tío… ¿Qué haces aquí? – Preguntó extrañado.
- ¿Qué que hago? – Corrió hacia a él propinándole un puñetazo que hizo que casi se cayera sobre la cama.
- ¡¿Eres imbécil?! – Se levantó, tocando su cara y yendo directo a devolverle el golpe. Ambos se agarraron de sus camisetas. Totalmente enfurecidos y enzarzándose en una lucha de puñetazos y patadas.
- ¡Ehhhh! – La voz de Kurt interrumpió la pelea por un momento. - ¿Se puede saber qué locura os ha dado? – Se llevó la mano la boca. - ¿Habéis visto como estáis?
- ¡¿Locura?! ¡Eso díselo a tu hermano! ¡Yo solo he venido a advertirle con las personas que tiene y no tiene que meterse! ¿Me oyes? ¡Deja en paz a Mercedes!
- ¡La dejaré cuando quiera! ¿Quién te crees que eres para darme órdenes? – Le replicó Finn.
- Te voy a enseñar quién soy… - Un nuevo puñetazo viajó hasta la cara de Finn, antes de que Kurt al fin, se decidiera a intervenir.
- ¡¿Qué ha pasado?! ¡Quiere alguien explicarme! – Gritó Kurt alarmado.
- Te diré qué ha pasado. Ha pasado que tu hermano se cree con derecho a andar molestando a Mercedes y a besarla contra su voluntad. – Se escuchó un ruido de exclamación por parte de Kurt, que miró a Finn incrédulo. – Pasa que no contento con ello se ha pasado la santísima tarde acosándola, diciéndole que quiere estar con ella, que quiere besarla y pasa que se ve que un guantazo de su parte no le ha dejado bastante claro que Mercedes ¡No quiera nada contigo! – Dijo esto último mientras lo empujaba poco a poco y Finn de nuevo se trataba de encarar.
- ¡Un momento, un momento! ¿Finn…? – Dijo Kurt, colocándose temeroso entre medias de los dos otra vez. - ¿Qué tiene de cierto eso?
- Yo… Erm… - El moreno comenzó a balbucear. – Es cierto, yo la besé. Quiero estar con Mercedes y así se lo quise demostrar. Quiero hacerla feliz. Conmigo lo será y-
- ¿Y? ¡Besándola contra su fuerza de voluntad se lo estás demostrando! – Apunto estuvo de pegarle un nuevo puñetazo. - ¡Vengo de su casa y está rota! ¡No ha parado de llorar gracias a ti. Así es como la has hecho feliz!
- Yo… - Finn agachó la cabeza.
- Finn, no creo que lo hayas hecho... ¿Ella te dijo que no quería nada contigo? – Preguntó su hermano.
- Dijo que ya estaba enamorada. Qu- que… No sé, se me nubló la vista y la besé.
- Si te dijo eso quizás es que es verdad. – Replicó Sam no muy acertadamente por los cuatro ojos que ahora tenía clavados sobre él, tratando de descifrar qué sabía él que no sabían los demás. ¿Sabría él algo? – Mira Finn, se acabó. No quiero que mires a Mercedes, ni que la saludes, ni hablarle. Ni si quiera para pedirle un lápiz, al menos durante algún tiempo... ¿me oyes?
- ¿¡Pero tú quién te has creído que eres!? - Preguntó Finn.
- Alguien que puede ser un gran amigo pero que si se meten con las personas que ama puede convertirse en tu peor pesadilla ¿Lo has entendido ahora? - Expetó. - ¿He hablado claro? - Dijo acercándose a él hasta el punto de casi chocar, mientras cogía su camiseta y la arrugaba entre su mano, gesto que hizo que de nuevo Kurt diera un paso adelante temiendo que se volvieran a pegar.
- Está bien... - Dijo a regañadientes.
- Perfecto. - Lo soltó y se dio la vuelta para salir. - Te estaré vigilando, Finn Hudson.
Sin esperar respuesta alguna salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras. Kurt iba a su lado, sin apenas hablar y aunque lo estuviera haciendo Sam no lo estaba escuchando. Se había ido de casa de Mercedes hecho una furia, dejándola sola y seguramente muy asustada. Tenía que volver y verla. Estaría tan preocupada. El día de San Valentín se les había fastidiado. Su primer San Valentín y había acabado de la peor manera.
Kurt abrió la puerta y Sam exhaló una bocanada de aire.
- Siento si te he dicho algo fuera de lugar, Kurt. - Se disculpó. Al fin y al cabo el chico no tenía culpa.
- Tranquilo... - Colocó su mano sobre el hombro del rubio. - Da gusto tener amigos como tú, aunque las maneras... - Dijo en tono bromista para relajar el ambiente. - Hablaré con Mercedes.. Creo que he tenido algo de culpa en todo esto.
- Creíste hacer lo mejor para ella, eso es todo. - Sonrió. - Sé que Mercedes te adora y no te lo tendrá en cuenta. - Se encogió de hombros. - En fin... Hasta mañana.
- Adiós, Sam. - Se despidieron.
A Finn ahora le esperaba un sermón por parte de su hermano y a Sam deshacer el camino que había hecho minutos atrás y disculparse con Mercedes.