Me gusta a mí, y seguramente también le guste a las demás chicas que te sigan en tumblr. ¿Esta es tu manera de ganar la apuesta, Abuelito? :P
¿La apuesta? Ni me acordaba de ella... Jajaja

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¿La apuesta? Ni me acordaba de ella... Jajaja
We are a secret can’t be exposed,
far from the others, close to each other…
We could build a universe right here,
all the world could disappear.
I just need you near…
Qué bonito, Sam…
¿De quién es?
¿Te gusta? :) La escuché de camino al instituto y me gustó. No alcancé a escuchar a la autora...
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Festival de chocolates | Samcedes
“Confía en mí.” Él no dejaba de decirlo y ella quería hacerlo. Con todo su corazón. Quería demostrarle que podía, aunque se estuviese muriendo de miedo. Su cuerpo permanecía debajo del suyo, pegados por completo, y ella no podía dejar de temblar. No de frío, sino de una pasión que los recorría de pies a cabeza. Nunca había pensado que aquello pudiera ser así. Amar. Le amaba tanto. “Tú y sólo tú eres la pieza que faltaba para completar mi puzzle…” Mercedes lo escuchaba tratando de no echarse a llorar. Pero aquellas palabras que él le había dicho en el cuarto oscuro del conserje esa mañana, volvían a repetirse. Ella era aquella pieza. Su otra mitad. Y todo aquello que Sam le decía le daba fuerzas. Aún sin haber completado la frase, él había sabido leer entre líneas. “Tú eres única y perfecta… ” Escuchaba. Por favor, no permitas que deje de serlo para él. Rogó, por miedo a perderle. Había estado a punto de hacerlo aquella tarde que había desembocado en varios días sin hablarse, y ella no había podido dejar de llorar. Creía que todo había acabado, pero él había luchado por ella. Por ellos. Cuando su dolor no se lo había permitido. Era ahora el momento. Ahora debía luchar. Por él, por el chico que le había enseñado lo que era amar. El que la había protegido de todos. No debía temer, aunque los escalofríos la hiciesen temblar. No debía temer, porque él nunca podría lastimarla.
Loco… Lo volvía loco y ella también lo estaba, recibiendo besos sin descanso, y jadeando mientras sentía su respiración en su oreja. Sus uñas en su espalda, dejarían marcas en él pero no podía parar. Entendido… Consiguió decir, antes de que él volviera a unir sus bocas, y su mano elevase su pierna, pegándola más a él. Oh… ¿Eso es? Oh… Gimió, sin casi tiempo a avergonzarse por lo que había hecho. Él ya había buscado sus pechos y le estaba dedicando todo su cariño. Y todo aquello que el chico estaba haciendo, estaba estropeando su ropa interior. Verlos. Dijo, abriendo los ojos y buscando los de él. Quería verlos. No tengas miedo, te está pidiendo que confíes en él. Armándose de valor, se levantó un poco para abrir el cierre de su sujetador, y lo deslizó por sus brazos, tapándose ligeramente con sus manos, antes de descubrirse por completo. Era la primera vez que él la veía desnuda. La primera vez que un chico la veía desnuda y mordiéndose el labio, Mercedes deseó gustarle.
Eres perfecta, ¿lo sabías? Dijo contemplando al fin su piel desnuda, sus pechos. Era perfecta por dentro, por fuera, desnuda y vestida. La deseaba tanto que hasta llegó un punto que lo olvidó todo. Todo lo malo que podría pasar si alguien se enteraba de aquello…
Aguanta Sam; repetía una pequeña voz en su cabeza mientras hundía de nuevo su cabeza entre los ahora, descubiertos pechos de ella. Los estrujaba con sus manos y saboreaba con su boca, jugueteando con sus pezones, mientras ella no dejaba de moverse bajo él, jadeando. Mer… Susurró antes de bajar besando su vientre para tomar un descanso. Ayúdame… Dijo mientras la ayudaba a incorporarse ligeramente, cogiendo sus manos y llevándolas al extremo de su camiseta. Quítala…
Festival de chocolates | Samcedes
Había querido limpiarse. Había querido hacerlo, pero él no se lo había permitido, sosteniendo su muñeca y reclamando una vez más sus labios que lo aceptaron sin reproches. Oh, besaba también… Y ella intentaba estar a su altura pero aquello jamás lo lograría. Era un hecho. Sam era un seductor nato y ella… Ella temblaba por completo, ante sus caricias y sus apasionados besos. El chico había colado ahora su mano debajo de su camiseta, acariciándola mientras ella trataba de mantenerse quieta. Pero no podía. No podía. Sus manos le temblaban, toda ella temblaba a su lado, y su piel se le erizaba ante sus grandes manos. Oh… Aquellas manos… Mercedes deseaba que aquellas manos recorriesen toda su piel. Hacía mucho calor. Demasiado. Ya no solo lo notaba en sus mejillas que permanecían completamente rojas, sino en toda su piel. Le llamaba a gritos. A él. A sus manos, a sus labios. Oyó su susurro en su oído y no pudo evitar dejar salir un gemido de su boca, asustándose después. Aquello también era nuevo para ella. Todas aquellas sensaciones. Dios mío, ni siquiera se había tocado ella misma antes para comprobar qué era lo que se sentía y ahora él… Él la estaba volviendo loca, estaba haciendo que ella se olvidase incluso de su propio nombre y solo pudiese recordar el suyo. Sam… Jadeó, ya debajo de él, sintiendo por completo su cuerpo encima. Aquella era la primera vez que se sentía tan vulnerable, más incluso que aquella tarde en el coche cuando había querido que la tocase. Oh, aquel día él la había rechazado y ahora… Ahora no quería que lo hiciese. Señor, no lo quería en absoluto. Por favor… Le rogó, sintiendo su mano en su pecho izquierdo. Por favor… Repetía, recibiendo un nuevo beso por parte de él. Ni siquiera sabía qué era lo que estaba pidiendo. Lo deseaba todo y a la vez, temblaba de miedo por todas las sensaciones nuevas que él provocaba en ella. Sam… Yo no… Oh, no. No podía decirle no. Eso le confundiría. Yo… Trataba de decir. Estúpida, estúpida. Eres una tonta, Merce. Necesitaba callarse. Necesitaba… Necesitaba que él siguiese tocándola. Que no dejase de hacerlo. Por todas partes. Y allí, donde nadie la había tocado nunca. Ni tan siquiera ella misma. Su mano capturó la suya, alejándosela de su pecho y la condujo hacia debajo de su camiseta, colocándosela de nuevo sobre él. Solo el sujetador evitaba que sus dedos quedasen en completo contacto y Mercedes ahogó un nuevo gemido, a la vez que un escalofrío la recorría. El miedo volvió a recorrerla de la cabeza a los pies. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si su cuerpo no era del agrado de él? ¿Y si…? Ella lo miraba ahora fijamente, mientras la mano de él permanecía anclada en su pecho. Sam… Mordió su labio inferior. Tengo miedo de no gustarte. Yo… No soy… Como las demás, habría querido decir. No tenía experiencia. Diablos, no sabía cómo hacer. No sabía nada. Y sin embargo, con una valentía que no sabía ni que tenía, se quitó su camiseta. Y tan pronto como se la había quitado, se había vuelto a cubrir con ella por encima. Quería ser como las demás, quería ser como ellas, pero no lo sería. Tenía miedo. Estaba muerta de miedo. Y sus mejillas completamente rojas. Lo siento. Yo… Yo quiero gustarte, pero… soy… soy un desastre y… lo he estropeado todo, ¿verdad?
Confía en mi, Mer… Le dijo sin cesar de besarla. Jamás le haría daño. Jamás le haría algo que ella no quisiera. Sólo quería sentirla junto a él, besarla sin descanso. De hecho se conformaría con tocarla por encima de la ropa como estaba haciendo si eso era lo que quería. No le importaba esperar.
Sin embargo, de pronto Mercedes agarró la mano del chico y la llevó bajo su camiseta. Se quedó paralizado por unos instantes sin saber qué hacer, contagiándose por el nerviosismo de ella. ¿Qu-é? Dijo de una manera entrecortada, mirándola fijamente. Inmóvil, esperando una orden, una señal de qué era lo que tenía qué hacer. Una vez más Mercedes se estaba comparando con las demás y Sam negaba con la cabeza. No necesitas ser como las demás, Mer. Agarró uno de los extremos de la camiseta y la quitó hacia un lado. Tú eres única y perfecta... Introdujo uno de sus dedos bajo el tirante y lo deslizó hacia abajo. Y no tienes que gustarme, porque ya lo haces… Cogió su cara enredando sus dedos con el pelo negro de ella por la parte trasera y la besó. Y mucho. Se separó. Y es más, no sabes lo loco que me vuelves, Mercedes Jones. Unió sus labios de nuevo, lleno de deseo.
Su lengua recorría toda su boca para luego salir y recorrer cada centímetro de de su cuello, dejando pequeños besos y deteniéndose en su pequeña oreja. Los gemidos de ella y sus manos traviesas por debajo de su camiseta, clavando las uñas sobre su espalda de vez en cuando, solo hacían más que avivar el fuego que se había prendido en él. No quiero oírte decir eso, Mer... Dijo cuando su respiración le dejó. Te quiero a ti y a nadie más, ¿entendido? La besó en la boca. Tú y sólo tú eres la pieza que faltaba para completar mi puzzle... Ella era única y no le permitiría que se infravalorara más. Él siempre le recordaría lo importante que era para él y que teniéndola a ella no le hacia falta nada más.
Y tras estas breves palabras no tardó en cubrirla de nuevos besos uan vez más. Su mano acarició suavemente el muslo de la chica y lo elevó, quedando atrapado y su boca bajó lentamente hasta sus pechos, saboreandolos como no había hecho antes, atreviendose incluso a darle un pequeño mordisco en uno de ellos. Pasó su lengua por la señal de sus dientes y la perfiló con uno de sus dedos en una pequeña caricia tratando de calmar el dolor que le hubiera podido causar. Déjame verlos, Mer. Se atrevió decir. Confía en mi. Le volvió a decir.
Festival de chocolates | Samcedes
Su corazón latía como un loco sin detenerse. Estaban allí, en su habitación, sentados en su cama, y él la besaba. Correspondía a su beso con palabras de amor. También la quería. Él también… Oh, Mercedes no podía creérselo. Sam, el hermano de Lucy, aquel al que ella misma había llamado hermano durante tanto tiempo, y “abuelito”. Sam… Sam la quería, y se lo decía, mientras le regalaba besos y provocaba que ella se emocionase creyendo aquello imposible. Te quiero, Mer, oía la chica. Y las mariposas empezaban a revolotear su estómago, mientras le besaba. Mientras él entrelazaba sus dedos y la besaba una y otra vez. Sus dedos le temblaban, pero ya no tenía miedo. No ahora. Él podía hacerle feliz, solo él. Finn estaba equivocado. Todos estaban equivocados. Solo Sam podía. Él…
Mercedes se lo quedó mirando fijamente. ¿Qué pretendía? Miraba al bombón y luego a ella, y… luego… Estaba jugando con sus labios y… Y… Sus mejillas se sonrojaron por completo, mientras él introducía por fin el bombón en su boca. Oh, ¿qué estaba sintiendo? Sam se había mordido el labio inferior y ella no podía dejar de mirarle. Con timidez, asintió a su pregunta sin poder articular palabra. Debería decir algo, antes de que él pensase que de verdad era una tonta, pero no podía. Había conseguido comer el bombón sin atragantarse, pero ahora no le salían las palabras. Y seguramente, él la habría manchado por completo de chocolate. Quiso limpiarse rápidamente con la mano, mientras sentía cómo de repente, había subido varios grados la temperatura de la habitación.
Los labios de Mercedes permanecían cubiertos de chocolate. Un aroma que invitaba al chico a besarlos irremediablemente. La chica por un momento quiso que él se ahorrara el trabajo de tener de limpiarlos, pero rápidamente detuvo su mano, agarrándola por la muñeca y haciéndola a un lado. Negó con la cabeza, a la vez que ponía de nuevo su sonrisa traviesa y besaba con pasión los labios de su novia. Pronto su lengua buscó la de la chica en el interior de su boca e impulsivamente, hizo que se acostara sobre la cama, colocándose él junto a ella sin estar encima. La mezcla de sabores le estaba nublando el jucio. Soltó al fin su mano, para viajar ésta hacia su cintura, donde se introdujo lentamente por debajo de su ropa y sentía como la piel de ella se erizaba con el simple roce. Le regalaba caricias, mientras sus labios también sentían su piel cuando besaba su cuello y se detenía en su oreja. … Me encantas. Susurró junto al oído de la chica, sintiendo como su calor corporal aumentaba y todo le empezaba a sobrar, menos el aire, que tristemente le hacía tener que detenerse a respirar sin poder seguir disfrutando de Mercedes todo lo que quisiera.
Para ese momento sus piernas eran un auténtico laberinto. Las cuatro piernas permanecían cruzadas, unas encima de otras y Sam, poco a poco se había colocado encima de ella. Soltó los cuatros botones de la parte de arriba de su camiseta y no pudo evitar poner su mano en aquel lugar que se hinchaba y deshinchaba. Ella estaba tan caliente, tan excitada como él. Hundió su cabeza allí y llevó una de sus manos hasta el pecho izquierdo. Deseaba tanto hacerla suya, pero al mismo tiempo sentía tanto miedo de lo que podría pasar. La besó una vez más con la ayuda de su mano derecha que sujetaba la preciosa cara de la chica y su mano derecha masajeaba su pecho por encima de la ropa. Mer…
Festival de chocolates | Samcedes
Cabreado, sí. Se había ido furioso, enfadado, y ella se había quedado sola y asustada, temiendo que aquella tarde acabase mal para ellos. Para él, para ella y para Finn. Lo escuchó con atención, mientras él le relataba lo sucedido. Él le había pegado a Finn. Y éste le había devuelto el golpe. Su boca se contrajo en un mueca, preocupada por cómo había terminado todo aquello, oyendo cómo de la boca de Sam salía el nombre de Kurt, y relajándose un poco. Su amigo, el que también la había metido en aquel lío, era quién había conseguido separarles. Tenía mucho que agradecerle. Demasiado. ¿Gritaba? Mercedes agachó la cabeza una vez más. Todo aquello era culpa suya. Todo. Si le hubiese hecho caso a Sam desde el principio, nada de aquello hubiera sucedido. Había conseguido que Finn se volviese loco. Ella había sido la causante. Él era una buena persona. Lo era de verdad, pero el encaprichamiento que tenía por ella le cegaba. Y él lo llamaba amor cuando no lo era. No lo era… Y ahora él no iba a hablarle. Finn no volvería a hablarle y todo había sido por su culpa. ¿Enfadada? Negó con la cabeza. ¿Cómo podría estar enfadada? Lo que quería era dar marcha atrás en el tiempo y que aquello no sucediese. Lo que quería era tener su primer San Valentín con Sam. El primer San Valentín de muchos. Pero ella misma había terminado por arruinarlo. Miró con tristeza los pasteles dentro de la caja y suspiró. Aquella mañana le había dicho que le quería en una gran oscuridad, mientras sus cuerpos se buscaban y sus corazones latían a mil por hora. Esa tarde él había entrado en su casa, preocupado por ella y la había abrazado sin soltarla mientras acariciaba su pelo. Esa tarde él la había protegido de Finn. Los chicos eran amigos, pero Sam no había podido mantener sus puños calmados. Le había pegado aún sabiendo que aquello la asustaba. Él también era un niño. Un niño rebelde que pretendía siempre solucionar todo a golpes. La pelea con Azimio, aquella vez que ella le había mentido acerca de su virginidad, aquellos anons sobre el video, Finn… Era un niño grande. Y ella lo amaba. Lo quería tanto. Buscando de nuevo sus ojos verdes y acariciando sus mejillas, sonrió, sintiendo cómo una lágrima resbalaba por su mejilla. Te quiero. Susurró, sin dudar. Ahora en un cuarto lleno de luz. Una habitación dónde pudiera verle. Te quiero. Repitió, junto a sus labios, acortando el espacio que los separaba en un beso dulce.
Si… Tenía todas las razonas del mundo para estar enfadada, para odiarle por lo que había hecho, por separarla de su amigo, porque siempre y cada una de las lagrimas que derramaba eran su culpa. ¿No se supone que tenía que hacerla feliz? Quizás Finn, si tenía razón, quizás él no estaba hecho para cuidarla y hacerla feliz. Pero, sin embargo, no renunciaría ella. Aprendería. Poco a poco encontraría la manera de hacerlo. La amaba y eso parecía que también era suficiente para la chica que buscó sus ojos al mismo tiempo que acariciaba con ternura su mejilla, alejando toda preocupación de su corazón. Te quiero. Un par de te quieros salieron de la boca de Mercedes, que tras el último y sin oportunidad de replica, fueron silenciados con un beso dulce. Sam se acercó a la chica, arrastrándose por la cama y sosteniendo entre sus enormes manos el rostro de la chica, profundizando el momento. Te quiero, Mer. Le dijo mirando sus brillantes ojos antes de dejarle un nuevo beso. Te quiero. Dijo con el corazón exaltado. Era la primera vez que se lo decía a una chica y sentía aquello. Sin duda era amor. Sin duda no podía dejarlo escapar.
Entrelazó sus dedos con los suyos y beso de nuevo los labios de la chica y separándose tras esto, sin perder de vista los ojos, abrió la caja y cogió uno de los bombones al azar. Lo miró, la miró a ella y sonrió con cierta malicia. Colocó el pequeño bombón sobre los labios de la chica, perfilándolos con él. Mordiendo su propio labio y sin parar de sonreír hasta que finalmente lo introdujo en la boca de la chica. ¿Te gusta?
Festival de chocolates | Samcedes
No digas eso… No es así, Sam. Él estaba preocupado por ella. Cuando era él mismo quién acababa de volver de quién sabe qué situación. No sabía qué había sucedido, pero Mercedes se temía lo peor. Rió, recuperando durante un segundo su sonrisa, al oír cómo él agradecía que nadie se los hubiese comido. ¿Arriba? Y… ¿Y saborearlos? Sonrió de nuevo, viendo su hermosa sonrisa. Su corazón había vuelto a latir como un loco y no parecía querer tranquilizarse. Sin responderle, se dio la vuelta, buscando su mano y lentamente subieron las escaleras, volviendo de nuevo a su habitación. Sam… No habrá pasteles si no me cuentas lo que pasó. Le dijo, haciendo que él se sentase a su lado. Por favor. Quiero saber qué pasó. Le pidió, acariciando su rostro. Le habría pegado a Finn? ¿El moreno lo habría golpeado a él?
La mano de Mercedes sujetando la suya era una clara respuesta a que el día de San Valentín aún no estaba perdido del todo. Caminaban hasta su habitación para compartir los dulces, para estar junto a ella. Sin embargo, como era de esperar, para poder disfrutar de todo ello antes tenía que contarle a Mercedes todo lo que había pasado en casa de Finn. Tomó asiento a su lado y acarició su mano suavamente. Me fui muy cabreado de aquí. Confesó. Quería pegarle, tan solo quería pegarle. Suspiró. Así que conforme entré por la puerta me fui derecho a su habitación y le pegué. El me lo devolvió y no sé... Sé que a los pocos minutos Kurt estaba allí. Ni si quiera sé como hizo que pararamos... Sonrió. El caso es que a partir de ahí solo hubieron palabras, aunque seguía enfadado y gritaba. Mercedes... Sé que Finn es tu amigo, también lo es mio, pero le dije que no te hablara en un tiempo, ¿estás enfadada?
Festival de chocolates | Samcedes
Había esperado con miedo a no volver a verle aquel día. Había esperado con miedo a que aquel primer San Valentín que pasarían juntos se hubiese estropeado por su culpa. Y así había sido. Él se había ido, dolido, lastimado, a ver a Finn. A reclamarle lo que le había hecho a ella. Había querido pararle, detenerle y abrazarle hasta que el chico se calmase y se quedase con ella. Pero él se había ido igualmente. Todo lo hago mal. Todo. Sam… Mercedes secó sus lágrimas una vez más, mirando a través de la ventana. Vuelve, por favor. Pedía, sin saber si aquello ocurriría. Por favor, vuelve. Su corazón dio un vuelco cuando oyó por fin el timbre de la puerta. Había venido, ¿verdad? ¿Era él? Bajó las escaleras casi de dos en dos y se precipitó a abrirle. Al tiempo que lo veía y él le descubría los pasteles que traía para ella. Sam… Sam… Oh, Señor. Había vuelto, y le traía pasteles. La emoción la embargó y nuevas lágrimas salieron, sin importarle ya que el chico las viese. Volviste. Dijo, tratando de buscar su mirada. El chico había agachado su cabeza y ahora ella, se la levantaba con cuidado, temiendo ver marcas en su rostro. ¿Estás bien? Sus manos acariciaron sus mejillas y su pelo rubio. ¿Estás bien? Preguntó de nuevo, preocupada. Dime que estás bien. Dime que… No llegó a terminar la frase, sus brazos buscaron su cuerpo y se unió a él en un abrazo, haciéndole casi tambalear y que los pasteles se cayesen. Con suerte, el chico tenía equilibrio y aquello no sucedió. Me trajiste pasteles… Susurró junto a su pecho.
Al abrir la puerta, vió los ojos hinchados y rojos de Mercedes. Sus temores se estaban confirmando. La chica había estado llorando por su culpa y de nuevo las lágrimas salían de sus ojos. sin embargo seguí preguntándo si estaba bien y pronto notó como sus manos acariciaban sus mejillas levemente doloridas por los pocos golpes que Finn y él habían intercambiado. Sin dejar que le respondiera, y aún con el miedo en el cuerpo a que le cerrara la puerta, Mercedes lo abrazó. Un abrazo que hizo que se tambalease. Le devolvió el abrazo como pudo, apretándola contra el lo más que pudo. Solo estaba preocupado por ti... Besó su pelo. Ahora que te veo estoy bien. Se separó de ella mirándole a los ojos cristalinos y haciendo una mueca. Tras esto suspiró y pasó uno de sus dedos por la línea que había dibujada en su rostro, secando una de las muchas lágrimas. ... No quería preocuparte, pero siempre es lo que consigo. Dijo triste. Con todo lo que ha pasado, se me olvidaron en casa. Suerte que nadie los vio y decidió comérselos. Sonrió. ¿Te apetece ir arriba y saborearlos?
Festival de chocolates | Samcedes
Caminó hasta la casa de Mercedes no sin antes pasar por la suya y coger la caja con los dulces de San Valentín que había olvidado. Le daría los dulces, ambos compartirían los chocolates, eso si Mercedes le habría la puerta. ¿Estaría cabreada por dejarla allí? ¿Por no haber respondido a sus suplicas de que no fuera a enfrentarse con Finn? Deseaba y esperaba que no. No la quería de nuevo lejos, no quería estropear de nuevo la relación y con sus prontos quizás la relación no aguantaría demasiado. Al dobló la esquina y pocos instantes después estaba tocando al timbre. Escondió la caja detrás de él y espero a que la puerta se abriera, apareciendo tras ésta Mercedes, y la enseñó. ¿Hola...? Preguntó tímido con la cabeza medio agachada con miedo a una reprimenda y mordiendo su labio suavemente..
Duelo de machos| Sinn
Atrás dejó la habitación y la casa de Mercedes. De nada habían servido sus suplicas de que se quedase con ella, ni sus abrazos rogándole que se quedara y tratara de calmarse. Todo aquello era inútil. La rabia que sentía ahora mismo por Finn, condujeron por él el camino que separaba la casa de Mercedes de la de la familia Hummel-Hudson. Atrás quedaba olvidado todo lo que días atrás el moreno había hecho por Sam. Cuando lo había ayudado o las veces que lo había defendido. Los buenos momentos que había pasado con él, las fiestas. No. Había besado a Mercedes, la había llevado hasta el punto de hacerla llorar y eso no se lo iba a perdonar.
Aporreó la puerta, mientras sus pies no paraban quietos. Ojala estuviera en casa. Ni si quiera había pensado en qué iba a decir exactamente, lo único que pensaba era en darle un gran puñetazo. Uno que le quitara las ganas de besar a alguien durante un tiempo.
- ¿Qué es esa manera de llamar, por Dios? – Dijo una voz fina mientras abría la puerta. – Oh, Sam. – Exclamó Kurt al darse cuenta de quién era.
- ¿Está Finn? – Gruñó.
- ¿Dónde están tus modales, Sam? La manera de llamar, ni un ho-…
- ¡Kurt, responde! – Lo interrumpió. - ¿Está o no está tu hermano? – Su comportamiento seguía siendo hostil.
- Ummm – Dijo nervioso. – Creo que está arriba, pero…
Sin poder decir nada más y de un empujón apartó al chico de la puerta y subió rápidamente las escaleras buscando la habitación que era de Finn y abriéndola, encontró al chico sobre la cama, él cual se sobresaltó.
- Sam, tío… ¿Qué haces aquí? – Preguntó extrañado.
- ¿Qué que hago? – Corrió hacia a él propinándole un puñetazo que hizo que casi se cayera sobre la cama.
- ¡¿Eres imbécil?! – Se levantó, tocando su cara y yendo directo a devolverle el golpe. Ambos se agarraron de sus camisetas. Totalmente enfurecidos y enzarzándose en una lucha de puñetazos y patadas.
- ¡Ehhhh! – La voz de Kurt interrumpió la pelea por un momento. - ¿Se puede saber qué locura os ha dado? – Se llevó la mano la boca. - ¿Habéis visto como estáis?
- ¡¿Locura?! ¡Eso díselo a tu hermano! ¡Yo solo he venido a advertirle con las personas que tiene y no tiene que meterse! ¿Me oyes? ¡Deja en paz a Mercedes!
- ¡La dejaré cuando quiera! ¿Quién te crees que eres para darme órdenes? – Le replicó Finn.
- Te voy a enseñar quién soy… - Un nuevo puñetazo viajó hasta la cara de Finn, antes de que Kurt al fin, se decidiera a intervenir.
- ¡¿Qué ha pasado?! ¡Quiere alguien explicarme! – Gritó Kurt alarmado.
- Te diré qué ha pasado. Ha pasado que tu hermano se cree con derecho a andar molestando a Mercedes y a besarla contra su voluntad. – Se escuchó un ruido de exclamación por parte de Kurt, que miró a Finn incrédulo. – Pasa que no contento con ello se ha pasado la santísima tarde acosándola, diciéndole que quiere estar con ella, que quiere besarla y pasa que se ve que un guantazo de su parte no le ha dejado bastante claro que Mercedes ¡No quiera nada contigo! – Dijo esto último mientras lo empujaba poco a poco y Finn de nuevo se trataba de encarar.
- ¡Un momento, un momento! ¿Finn…? – Dijo Kurt, colocándose temeroso entre medias de los dos otra vez. - ¿Qué tiene de cierto eso?
- Yo… Erm… - El moreno comenzó a balbucear. – Es cierto, yo la besé. Quiero estar con Mercedes y así se lo quise demostrar. Quiero hacerla feliz. Conmigo lo será y-
- ¿Y? ¡Besándola contra su fuerza de voluntad se lo estás demostrando! – Apunto estuvo de pegarle un nuevo puñetazo. - ¡Vengo de su casa y está rota! ¡No ha parado de llorar gracias a ti. Así es como la has hecho feliz!
- Yo… - Finn agachó la cabeza.
- Finn, no creo que lo hayas hecho... ¿Ella te dijo que no quería nada contigo? – Preguntó su hermano.
- Dijo que ya estaba enamorada. Qu- que… No sé, se me nubló la vista y la besé.
- Si te dijo eso quizás es que es verdad. – Replicó Sam no muy acertadamente por los cuatro ojos que ahora tenía clavados sobre él, tratando de descifrar qué sabía él que no sabían los demás. ¿Sabría él algo? – Mira Finn, se acabó. No quiero que mires a Mercedes, ni que la saludes, ni hablarle. Ni si quiera para pedirle un lápiz, al menos durante algún tiempo... ¿me oyes?
- ¿¡Pero tú quién te has creído que eres!? - Preguntó Finn.
- Alguien que puede ser un gran amigo pero que si se meten con las personas que ama puede convertirse en tu peor pesadilla ¿Lo has entendido ahora? - Expetó. - ¿He hablado claro? - Dijo acercándose a él hasta el punto de casi chocar, mientras cogía su camiseta y la arrugaba entre su mano, gesto que hizo que de nuevo Kurt diera un paso adelante temiendo que se volvieran a pegar.
- Está bien... - Dijo a regañadientes.
- Perfecto. - Lo soltó y se dio la vuelta para salir. - Te estaré vigilando, Finn Hudson.
Sin esperar respuesta alguna salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras. Kurt iba a su lado, sin apenas hablar y aunque lo estuviera haciendo Sam no lo estaba escuchando. Se había ido de casa de Mercedes hecho una furia, dejándola sola y seguramente muy asustada. Tenía que volver y verla. Estaría tan preocupada. El día de San Valentín se les había fastidiado. Su primer San Valentín y había acabado de la peor manera.
Kurt abrió la puerta y Sam exhaló una bocanada de aire.
- Siento si te he dicho algo fuera de lugar, Kurt. - Se disculpó. Al fin y al cabo el chico no tenía culpa.
- Tranquilo... - Colocó su mano sobre el hombro del rubio. - Da gusto tener amigos como tú, aunque las maneras... - Dijo en tono bromista para relajar el ambiente. - Hablaré con Mercedes.. Creo que he tenido algo de culpa en todo esto.
- Creíste hacer lo mejor para ella, eso es todo. - Sonrió. - Sé que Mercedes te adora y no te lo tendrá en cuenta. - Se encogió de hombros. - En fin... Hasta mañana.
- Adiós, Sam. - Se despidieron.
A Finn ahora le esperaba un sermón por parte de su hermano y a Sam deshacer el camino que había hecho minutos atrás y disculparse con Mercedes.
¿Dónde estás, Mer? || Samcedes
No lo olvidaría. No lo haría. Y Sam también lo sabía. Se lo decía al oído mientras los ojos de la chica se cerraban con fuerza tratando de no derramar ni una sola lágrima más. No… No, Sam. Yo tenía que hacerlo. Yo sola. Tú no podías venir conmigo. ¿Cómo lo hubieras explicado? No… No tenía explicación. ¿Cómo podría haberla acompañado? No tendría sentido. No tendría… Él se culpaba por no haberlo hecho. Sam se culpaba y aquello le dolía. Él no tenía la culpa. Sam no era el culpable de todo lo que había pasado en aquella aula. Ella era la única culpable de que Finn la besase. Solo ella. ¿Los mensajes? Preguntó, asustada. Sam… No creo que sea buena idea. Yo… No… Pero el chico no parecía escucharla, con su mirada fija en el móvil dejado encima de la cama. Aquellos mensajes eran la prueba de que todo aquello no era una pesadilla. Eran la prueba de las verdaderas intenciones de Finn. Aquellos mensajes le romperían el corazón. Se lo romperían del todo. Él era su amigo. El que le había ayudado a Sam cuando Azimio y sus matones le habían golpeado tiempo atrás. Y ahora, el chico quería separarle de Mercedes sin siquiera saberlo. Resignada, supo que él necesitaba ver esos mensajes. Lo necesitaba. Aunque verles le hiciese el mayor daño. Cogiendo el objeto con sus manos, lo encendió de nuevo, viendo que no sólo Finn le había escrito. Sam también lo había hecho, aunque los mensajes del moreno le sobrepasaban en número. Seguía mandándoselos, seguía haciéndole aún habiéndoselo pedido. “Mercy, por favor. Cógelo. Coge el teléfono. Por favor amor. Cógelo” ¿Amor? ¡¿Amor?! No, no. Sam no podía verlos. No podía. Escondiendo el teléfono detrás de sí, negó con la cabeza. No puedo… No…
Algo se me hubiera ocurrido. Yo podía haber terminado todo esto mucho antes y no así, no ahora cuando te han hecho daño… Acarició su cara. Aunque ahora no veía el cómo, estaba seguro que el podía haber hecho algo para evitar todo lo que había pasado. Hablar con Finn como el “hermano” de Mercedes que era. Algo… Si. Quiero verlos. Dijo serio sin quitar los ojos del aparato. Déjame verlos. Le suplicó una vez más. Buena o mala idea, Sam Evans necesitaba verlos, saber qué le decía y probablemente le dolería, pero no podría evitar dejar de pensar en ellos, en saber que estaban allí guardados en el móvil apagado de su novia. Entonces, Mercedes se giró y lo cogió, escuchando enseguida la música de encendido y viendo como los dedos de la chica viajaban por la pantalla para seleccionar los mensajes que ahora sonaban, uno detrás de otro, y la cara de la chica cambiaba por completo. ¿ Qu-...? ¿Cómo que ahora no podía verlos? El rubio volvió a rogar una vez más por ver esos mensajes recibiendo de nuevo una negativa. Mercedes… Por impulso, se acercó a ella sujetándole la mano no con demasiada fuerza pero con firmeza y tras un pequeño forcejeo se lo quitó. ¡Déjame, Mercedes! La paró antes de darle la espalda para ver por él mismo qué decían. ¿Qué coj…? ¿Quién se cree? No daba crédito a la cantidad de mensajes de texto que habían con su remitente. Mensajes en los que insistía en hablar con ella. Mensajes en los que le decía que quería volverla a besar, hacerla feliz… Amor ¡Amor! En uno de los últimos incluso le llamaba amor. Aquello encendió aún más al chico que dejó el móvil sobre las manos de Mercedes, con el ceño fruncido y los dientes apretados. Se acabó. Voy a su casa.
¿Dónde estás, Mer? || Samcedes
Dios mío. Le había hecho daño. Le había hecho muchísimo daño. Con su mano tapando su boca, asustada, observaba cómo Sam trataba de sacar aquella ira de dentro, golpeando cualquier cosa que se le pusiese delante. Mercedes agachó la cabeza no queriendo mirar. No quería hacerle daño y así había sucedido. Sam… Susurró, deseando poder detenerle solo con decir su nombre. Sam… Pero él no la escuchaba. No la oía. Se perdía entre sus propias palabras y aquellos golpes en su armario. Ella le había hecho daño, y él se lo estaba haciendo a sí mismo, golpeando aquel mueble con sus puños. Con temor, le agarró, separándole de allí y le pidió que la mirase. Sam… por favor. Cálmate, por favor. Por favor. Pedía, acariciando sus mejillas una y otra vez. Por favor. Por favor. No dejaba de repetirlo, mientras sus manos temblaban y lo miraba a los ojos, abrazándole segundos después, tratando de calmarle con un abrazo de amor. No se lo cogeré. No lo haré. Yo… Lo he apagado. Lleva apagado toda la tarde. Desde sus últimos mensajes. Lo había apagado para no seguir oyendo aquellas llamadas. Lo había apagado y ahora permanecía incomunicada. ¿La habría llamado alguien más? No vayas, Sam. No vayas. Él se olvidará de todo esto. Lo hará. Se olvidará. Se lo repetía una y otra vez sin poder creérselo. No lo haría. El chico no lo haría. Pero Sam no podía ayudarla. Él no podía. ¿Qué cosas claras le dejarías? ¿Que no puede tocarme? ¿Que no puede besarme? Mercedes negó con la cabeza. Sam… Él no lo entendería. Nadie lo entendería. Guardó silencio, abrazada a él. Jamás le había dolido tanto llevar lo que sentían en secreto. Jamás le había hecho tanto daño. ¿Algún día podrían cogerse de la mano y caminar juntos sin que nada les preocupase?
De pronto, cuando más decidido estaba a dejar de golpear aquel armario y todo lo que pillaba para ir a quizás, hacerle lo mismo a Finn, algo lo detuvo. La mano y la voz de Mercedes suplicándole que se calmara. Rogándole. Nervioso y aún con las manos temblorosas la abrazó como pudo, tratando de calmarse para no asustarla más de lo que estaba. No… Suspiró. Él debía protegerla y no lo había hecho. Finn le había hecho daño, los quería separar y seguiría en su empeño si no hacía algo. No puedo, Mer. Le decía al oído. No lo hará. No se olvidará y seguirá… Seguirá. Negó con la cabeza. Jamás debió ponerte un dedo encima y jamás debió besarte en contra de tu voluntad yo... No debí dejarte haber ido sola. Debería haber estado contigo... Se culpaba. Enséñame esos mensajes. Debes enseñármelos. Quiero saber qué te dice… Dijo esto último, separándose ligeramente de la chica, desviando la vista hacia el móvil sobre la cama.
¿Dónde estás, Mer? || Samcedes
Mercedes veía el temor en sus ojos. Un temor que le hacía daño. Él se lo había dicho. Había sido Sam quién se lo había advertido, pero ella no quería creérselo. Demasiado tarde. Tú tenías razón. Comenzó a decir, reuniendo el valor para no agachar su mirada. Las flores eran suyas. Lo eran… Yo… Le dije que no podía aceptarlas. Le dije… Que no podía. Pero él no quería escuchar. No quería. Yo… le confesé que amaba a otro. Que estaba enamorada. Pero no me creía y… Quiso saber quién era. Quiso… pero yo le dije que nadie podía saberlo. Que ni Lucy, ni Kurt, ni tú… Nadie lo sabía. Y él creyó que no se lo podía decir a nadie porque estaba obligada. Creyó que me obligabas a no decírselo a nadie. Mercedes negó con la cabeza. Secando sus lágrimas con sus dedos temblorosos. Dijo que él conseguiría que le olvidase. A ese chico. Dijo que él haría que te olvidase. Dijo… Guardó silencio de nuevo. Le partiría el corazón. Sabía que lo que diría a continuación le haría muchísimo daño. Pero no podía callar. No podía mentirle. No podía. Sam… Finn me besó. Me sostuvo y me besó. Y yo le golpeé, le pegué con todas mis fuerzas, queriendo alejarme, pero él no me dejaba, Sam… Él no quería escuchar. No quiere escuchar. Y no deja de llamarme. No deja… Dijo, mirando su teléfono móvil apagado sobre su cama. Lo siento. Lo siento tanto. Por hacerle daño, por romper su corazón, por haberle dicho que jamás volvería a besar a otro y haber incumplido la promesa. Lo siento…
Respiraba tratando de calmarse mientras Mercedes le confirmaba que Finn había sido el de las flores. Era una realidad que aunque estaba al cien por cien seguro no quería aceptar que era Finn el que estaba detrás de ello. Su compañero, su amigo… Mercedes había tratado de hacerle ver que no tenía posibilidades, que su corazón ya estaba ocupado pero le echaba en cara que la estaba obligando a llevarlo en secreto. Sam no daba crédito a lo que escuchaba y mucho menos lo que vino después de otro silencio de la chica. Algo que hizo que Sam se separara de ella, más cabreado que antes, apretando ambos puños hasta el punto de clavar sus uñas en su carne por la rabia. ¿Qué…? Exclamó alzando la vista un instante, para de nuevo darse la vuelta apretando los dientes y propinándole un par de puñetazos y patadas a uno de los armarios de Mercedes, mientras gritaba cosas sin sentido. ¡¿Cómo se atreve a besarte?! ¡¿Quién cojones le manda a tocarte?! ¿Obligarte a hacer algo que no querías...? Dio otro golpe ¡Si piensa que puede hacer lo que le salga del rabo y quedarse tan tranquilo está equivocado, Mercedes! ¡Se ha equivocado! Resoplaba por la falta de aire. Ni se te ocurra cogerle el móvil, Mercedes, ni se te ocurra. Ahora mismo voy a su casa y le dejo las cosas claras…
¿Dónde estás, Mer? || Samcedes
Como una niña volvía a abrazarse a él en busca de cariño. Como una niña de nuevo. Quizás nunca dejase de serlo. Quizás lo sería toda su vida. Su niña. La de él. Todavía temblando y con las lágrimas mojando sus mejillas, Mercedes se refugiaba entre sus brazos, tratando de olvidar todo lo sucedido aquella mañana. Pero era imposible. No podía. Sam no lograría calmarla, no mientras el problema siguiese ahí. ¿Se iría algún día? Te quiero. Calló, sintiéndolo en su corazón como nunca antes. Le quería. Y esa mañana se lo había dicho, regalándole besos en aquel cuarto del instituto. Besos que Finn había borrado. Creí que era… que era un buen chico. Yo… Yo lo creí de verdad. Sollozó, recordando aquellas mismas palabras de esa mañana. Pero no lo era. No lo era. Sam… Él… ¿Cómo decírselo?
El silencio seguía imperando en aquella conversación inexistente, mientras notaba como las lágrimas de Mercedes empapaban su ropa. Sabía que no podía forzarla a hablar, más cuando la veía en ese estado de shock, temblando a cada instante. ¿Cre-? ¿Finn? Dijo frunciendo el ceño. ¿¡Qué!? Alzó la voz más de lo deseado. ¿Qué, Mercedes? ¿Qué te ha hecho? Di-dime que no... La miró a los ojos, aún sin comprender nada de lo sucedido. Trantando de encontrar la respuesta en estos, pensando lo peor. ¿Te... Te ha tocado? Preguntó con temor. Con pánico, con un escalofrío que le recorrió el cuerpo. ¿A caso Finn habría sido capaz de obligarla a hacer algo que ella no quería? ¿Mer...? Habla, por favor.
¿Dónde estás, Mer? || Samcedes
Y entonces ya no estaba ella sola en esa habitación. Ni tampoco vacío su corazón. Él lo había llenado con su cariño y dulzura, como llenaba ahora también la soledad de aquel cuarto. Sus brazos la rodearon, mientras ella rompía en llanto de nuevo. Lágrimas que habían vuelto a salir, sin poder evitarlo. Era el cansancio de querer dormir y no poder. Era el dolor de cabeza por todos aquellos recuerdos que no quería vivir de nuevo. Era la desesperación de no saber qué hacer para que todo parase. Sus dedos se anclaron fuertes en la espalda del chico, temiendo hacerle daño y a la vez necesitando un apoyo. Sam. Trató de hablar, probando sus propias lágrimas. Quise hacerlo. Creí que podría. Pero él… Finn… Nombrarle la hacía temblar. Aún no estando allí con ella, a su lado, Finn conseguía hacerla temblar. Él no quiso escucharme. No quiso y… Dijo… dijo que… Cerró los ojos, respirando aceleradamente. Él me… Las palabras no le salían. Era demasiado el dolor que llevaba dentro, y sería demasiado el que le haría a él. A Sam. Saber que Finn había conseguido besarla le haría mucho daño. Y ella no quería que aquello sucediese. Ojalá pudiera dar marcha atrás en el tiempo. No acudir a aquella aula vacía. Jamás. Escondiendo su cabeza en el pecho de él, escuchó los latidos de su corazón. Solo abrázame, por favor.
La chica se aferraba fuertemente a él, tratando de articular frases que no lograban salir completas de su boca, temblando cada vez que lo intentaba y poniéndolo a él más y más nervioso. Finn. ¿Qué le había hecho? ¿Qué le había dicho para que estuviera así, para que ni si quiera pudiera decirlo en voz alta? Mer… La abrazó más fuerte respondiendo así a su petición, mientras la rabia y las miles de ideas le recorrían la cabeza. ¿Qué había pasado después de clase? ¿Qué? Necesitaba saberlo y si ella no se lo contaba él mismo se presentaría en casa de Finn Hudson y le pediría todas las explicaciones que necesitaba. Te abrazaré hasta que logre calmarte… No te soltaré, princesa.