Sin lugar a dudas, uno de los temas más evocadores a lo largo de los siglos y hasta la actualidad para la población canaria es la idea de una isla que aparece y desaparece ante nuestros ojos y a la que nunca se puede llegar, una isla esquiva y fugaz. El misterioso encanto de la propia naturaleza de esta isla ha hecho que reciba, a lo largo de los siglos, numerosos apelativos como son la Inaccesible, la Encubierta, la Errante, etc., una denominación que evoluciona hasta llegar al nombre por la que se la conoce actualmente, la isla de San Borondón, un nombre con un sabor misterioso y evocador para los canarios. Entremos en el apasionante relato de la isla de San Borondón.
El hecho de que en las cartas de navegación que se elaboran con anterioridad a la cartografía normalizada de la Tierra aparezcan islas que no existen es algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones. Este hecho ha propiciado numerosos mitos que han despertado el anhelo de los viajeros de la época, que se hacían a la mar en busca de nuevos territorios por conquistar y tesoros por descubrir.
Sin embargo, de todas las “islas que no son islas”
podemos destacar la isla de San Borondón como un episodio mágico que es único en todo el planeta
. Este carácter único reside en el elevado número de veces que la isla fue descrita y cartografiada, la gran cantidad de expediciones que salieron en su búsqueda, su aparición ante los ojos de numerosos canarios y viajeros, el hecho de que los cartógrafos no se consigan poner de acuerdo en cuanto a su ubicación, tratándose de una isla móvil en todos los sentidos, etc. Todos estos hechos hacen que la isla de San Borondón haya perdurado a pesar del pasar de los siglos, por lo que al margen de cualquier racionalidad, la extraña paradoja de su permanencia en el tiempo y en la memoria hace que tengamos que decir que se trate de una isla que sí existe, independientemente de lo tangible de su territorio.El nombre de San Borondón viene del histórico viaje que realizó el monje irlandés
(que vivió entre los años 484 y 577), un viaje épico que duraría siete años y en el que navegó a través del Atlántico en compañía de otros catorce monjes. El fantástico relato de este monje nos desvela el avistamiento de la silueta de una ínsula a la que decidieron acercarse y desembarcar. Pasaron la noche y cuando se disponían a comer al día siguiente en tierra firme, la isla comenzó a moverse desvelando su verdadera naturaleza: se trataba de un pez gigante, un pez que según le revelaría más tarde Dios a San Brandano se trataba de Jasconius, el primer pez que pobló los mares.
Este quimérico episodio curiosamente mantiene muchas similitudes con el relato del primer viaje de Simbad el Marino, quien también habla de la “isla ballena”, añadiéndole a la historia algunos detalles como es el hecho del parecido de la isla con “un jardín del Paraíso”, la existencia de arena y de árboles, etc.
Sin embargo, tras aquellas primeras descripciones mitológicas, esta “isla no isla” no cae en el olvido sino que, muy al contrario, tras la conquista europea de Canarias
existía tal convicción de la existencia real de la isla que se organizaron numerosas expediciones en su busca
para la adscripción al reino.Muchos son los que a partir del siglo XV describen las constantes apariciones de una isla en el horizonte. El rumor de los avistamientos era tan creciente que en diversas ocasiones llegó a cartografiarse la isla; incluso llegó a ser descrita en varias ocasiones por viajeros que aseguraban haber desembarcado en ella. A través de los relatos de estos viajeros tenemos algunas descripciones de cómo es en realidad la isla de San Borondón. Así, sabemos que
la isla se presenta la mayor parte de las veces al Oeste de La Palma
, aunque en ocasiones se ha relatado que aparece en el triángulo que forman las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro.La información aportada en 1570 por la Real Audiencia de Canarias a partir de relatos nos desvela algunos
detalles de cómo es la isla de San Borondón
. En muchas ocasiones se describe la isla con
dos grandes montañas separadas por un profundo barranco
poblado de sauces. Se habla de la presencia de gran cantidad y variedad de animales, así como de una gran variedad de vegetación (brezos, dientes de león, amapolas, barbusanos, etc.)Desde el momento de la conquista hasta la actualidad no han cesado los avistamientos de la isla, produciéndose tantas descripciones que sería imposible reproducirlas aquí, a pesar de lo extraordinario de muchos de tales relatos. Sin embargo, quiero citar uno de los relatos más recientes por el interés que puede suscitar en el lector:En 1957 el fotógrafo Manuel Rodríguez Quintero paseaba por las Martelas de Arriba en los Llanos de Aridane, La Palma, y en un estanque de la zona estaban bañándose tres niños.
De repente, mar afuera se dibujó una isla, momento en el que Manuel Rodríguez dispara su cámara, captando la primera imagen fotográfica de la misteriosa isla; en ella curiosamente se distinguen las dos montañas de las que hablan los numerosos relatos escritos, dibujadas también en diversas representaciones cartográficas. Aquella tarde a la que estamos aludiendo, los niños se convirtieron junto con el fotógrafo en testigos de la visión única de la antigua leyenda.
Años más tarde se entrevistaron a dos de los tres niños que presenciaron la fantástica visión. Reproduzco a continuación parte de la entrevista que se encuentra en el Archivo General de La Palma del Cabildo Insular, en la que Evaristo Pérez Barreto, uno de aquellos niños, desvelaba lo siguiente: “
Cuando eso yo tenía 11 años, pero lo recuerdo perfectamente. Yo no sé si era una isla, forma de eso tenía. La vimos durante más de veinte minutos hasta que desapareció. Quintero nos dijo que miráramos aquello, que quizás no lo íbamos a ver nunca más (...). Era la silueta de una isla, muy alta; luces no había
. Por su parte, Arístides también lo corroboraba:
Recuerdo que estábamos bañándonos en la represa junto a dos compañeros más. De repente, don Manuel nos llamó, para que viéramos algo. Salimos y nos dijo que aquello era San Borondón, nosotros no le creímos y nos echamos a reír. Cuando miramos era verdad, allí en el mar había una isla. Quintero se fue a la carretera y paraba a todos los coches y camiones que pasaban para Puerto Naos: otras personas la vieron, como nosotros, pero no sé quiénes fueron
”. (María Victoria Hernández Pérez, Cronista Oficial de Los Llanos de Aridane)
Con todo, no podemos obviar que San Borondón existe, no evidentemente como un territorio tangible al igual que el resto de las Islas Canarias sino porque, tenga la explicación que tenga, ya sea un fenómeno meteorológico o una visión óptica, lo cierto es que el curioso fenómeno de una misteriosa isla que aparece y desaparece frente a las costas canarias ha seguido acompañándonos hasta la actualidad, tal como lo atestiguan los numerosos relatos, dibujos, etc.
¿Cómo podemos obviar la existencia de aquello que vemos con nuestros propios ojos? Quizás la respuesta racional de este fenómeno se aclare algún día, aunque puestos a elegir creo que es preferible seguir con la mágica ensoñación de un territorio que vemos y al que no podemos llegar.