First Days
⥈ 𝐅𝐢𝐫𝐬𝐭 𝐃𝐚𝐲𝐬 ⥈ #Saphugo
Primero de septiembre. No hizo falta alarma, ni que Rose saltará a despertarlo. Se despertó como si su cuerpo ya lo hubiese estado esperando desde hacía mucho. Aunque el sol ayudaba bastante, pues este se coló entre las persianas. ¿Y si se tomaba unos cinco minutos más? Por un breve instante lo consideró, mas al recordar que la última vez estuvo a poco de perder el tren, supuso que lo mejor sería levantarse de una vez.
Hugo Weasley, aún adormilado y con el cabello más alborotado que de costumbre, se quedó ahí en la esquina de la cama. No entendía porque los primeros días eran tan difíciles. ¡Todo estaba de cabeza! ¡Su habitación es un fiasco con tanta ropa tirada en el suelo! ¡Incluso tenía la ropa de Rose tirada en el suelo! Luego hablaría con ella seriamente, pues hacia mucho que había dejado de utilizar la ropa de su hermana. Tristemente, ya no eran la misma talla, pues los pantalones ya ni le entraban.
– De acuerdo, Hugo. ¡Tú PUEDES! –Se animó. Creía que, si nadie lo haría, entonces era su deber darme unas palmaditas en la espalda. Además, estaba hablando de Hogwarts, la mejor escuela de magia y hechicería de todo el mundo. Todo valía la pena–. Accio mochila.
Movió la varita y al segundo la mochila salió volando justo a su pecho, por poco dejándolo caer al suelo. Hugo podía ser tan desordenado, pero con este hechizo nada podía perdérsele. Al menos eso creía, hasta que creyo que lo siguiente podría funcionar.
–Accio ganas de vivir... ¡Oh vamos!
No es que estuviese de mal humor, sencillamente detestaba madrugar. Él siendo un zorro, todos debían entender que se trataba de un ser nocturno ¿cierto? Hugo estaba hecho para la noche, incluso nació tarde. ¡Todo tenía sentido! Oops, de nuevo se perdía entre sus pensamientos. No había tiempo, los demás seguramente ya estarían fuera del hogar. Apurado, casi con el corazón en la boca, Hugo se echó a correr.
Desafortunadamente, Hugo Weasley había olvidado algo muy importante. De haber tenido la recordadora cerca, quizás lo habría recordado, porque hasta ahora creía que todo estaba bien.
–¡Smaug, andando! –Le gritó a su cachorro, quién por alguna razón no se apareció de inmediato. Odiaba dejarlo ahí, pero si no se apresuraba, se quedaría atascado en la madriguera–. ¡Cinco minutos!
Aquello lo gritó bajando las escaleras, corriendo a toda prisa. No fue hasta que sus pies descalzos tocaron el césped, que el pelirrojo entendió que estaba sucediendo. Y ahí estaba, semi desnudo, vistiendo nada más que su bóxer y una corbata a medio poner. Claramente no tenía la cabeza bien puesta ese día.
Lo siguiente que hizo fue acomodarse la mochila, al dejar escapar un suspiro y esperar no entrar en pánico. ¿Por qué los primeros días eran tan complicados? Por eso siempre intentaba tener todo listo un día antes, incluso Hermione le ayudaba, pues conocía perfectamente a su hijo. Además, tenía un serio problema para quedarse quieto, quizás por eso nunca estaba listo. Ahora mismo sí que le vendría bien el giratiempo de Rose. ¿Dónde se había metido su hermana?
El joven Gryffindor se volteó esperando poder encontrarse con algún rastro de su hermana. Aunque terminó por darse una gran sorpresa al girarse y encontrar nada más y menos que a Saphire Malfoy justo debajo el marco de la puerta. Lucía encantadora como siempre, aunque tenía los ojos adormilados, además del cabello levemente alborotado. ¿Y no era su camisa la que tenía puesta? Oh, sí. Hugo recordaba perfectamente esa camisa.
–Buenos días... –Susurró con voz aterciopelada, sacándole un suspiro a Hugo–. ¿Qué sucede? ¿por qué te levantaste tan temprano, Weasley?
Se inmutó por unos segundos, porque la visión que tenía enfrente no le ayudaba a concentrarse. Aunque al notar la mirada de Saphire sobre él, no pudo evitar sonrojarse.
–Es primero de septiembre, Saph–respondió sin más. Saphire sonrió y se le quedó contemplando por unos segundos. Enseguida, la chica se acercó a él y lo primero que hizo fue llevar ambas manos a la corbata de Hugo. Después de tantos años, Hugo nunca aprendió a atarla adecuadamente.
–Así es... –Las manos de la rubia se deslizaron por el cuello del pelirrojo, pasando sobre las tantas pecas del muchacho. Y aun cuando Hugo luciera más confundido que nunca, Saphire esperó unos segundos antes de hablar. Sin embargo, el muchacho nunca pudo atar cabos–. Hugo, nos graduamos hace un año. ¿Lo recuerdas? Hemos estado todos estos meses de viaje, visitando las montañas de Rumania, el lago negro e incluso el mediterráneo.
–Oh... –fue lo único que logró decir, antes que Saphire se carcajeara–. Sólo estoy muy feliz que sea primero de septiembre, y contigo. ¿Cómo paso? ¿Cuándo? Merlín. ¿Estás loca?
–Sólo por ti... –le respondió al encogerse de hombros.
Enseguida Hugo la besó con bastante emoción, pues terminó cargándola. Aquello no fue más que un reflejo, casi similar al que tuvo al levantarse ese mismo día porque el calendario marcaba primero de septiembre. Ahora finalmente podía recordarlo.
Se había encontrado tan ansioso, ¿y como no estarlo? Saphire solía ponerlo tan nervioso y enamoradizo, justo como si aún siguieran en sus días de Hogwarts. Con ella todos los días eran así, toda una aventura.















