-No puedes imaginarte cuánto nos divertimos -dice Ilse. Me lo puedo imaginar perfectamente, ¿y por qué no deberían haberse divertido? Eran jóvenes, exaltados, confiados, egocéntricos, enamorados de la vida, enamorados del amor. Habían vivido la abdicación del káiser, los avatares y dolores del parto de la República de Weimar, la inflación, el paro masivo, el crack económico. No ganaban para sustos, pero el grano que les salía justo el día de la primera cita con un hombre deseado les parecía más importante que un acto de terror de las SA, por ejemplo.
Tú no eres como otras madres, de A. Schrobsdorff.

















