Esta es una publicación que realicé en facebook el 22 de noviembre en Ciudad Juárez:
En unos días dejaré esta ciudad y con ella espero dejar muchas cosas.
Lo que están a punto de leer, si es que lo leen completo, es un texto algo extenso, lleno de citas, referencias y dos que tres poemas. Es mi último pensamiento y lo último que publicaré respecto al tema: ella.
Hace unos días comencé a ver la serie británica “Lovesick”, en ella, (T1:E5) Bethany le dice a Dylan:
¿Te puedo dar un consejo? No te quedes colgado de alguien que no quiere estar urgentemente contigo. Podrías perderte las cosas buenas de la vida.
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La conocí por internet, hace más de tres años, tal vez, ¿tres-cuatro?, no lo recuerdo. Fue, si no me equivoco en octubre. Los dos estábamos en un grupo “La lectura es cultura” —lo sé, no digan nada— y recuerdo que al meterme una noche al grupo vi una publicación muy comentada, eran unas fotografías tomadas con un celular del Cine Victoria, eran fotografías algo oscuras y de baja calidad pero, expresaban lo que ella deseaba: miren a través de estas imágenes lo que veo, lo que me gusta ver, dónde estoy. Y efectivamente había un texto que decía cuánto le gustaba ese lugar. Las había tomado acompañada del chico que le gustaba (y al que quería). Vi los comentarios y había uno muy idiota, se burlaba de la calidad de las fotos y de cómo fueron tomadas, era un perfil falso que sólo utilizan para molestar; ella, enganchada justificaba sus fotos. Me metí al perfil de ella y vi sus fotos, era bellísima —sé que suena muy naco, pero es la verdad—, quería conocer a esa chica, era definitivo, así que le di ‘me gusta’ al comentario de la que se burlaba y a las respuestas de justificación de ella y comenté: JAJAJAJAJAJA. Solamente, esperando que ella viera mi perfil y me mandara solicitud. Me llama mucho la atención la fotografía y aunque no sé mucho, hay o había algunas imágenes interesantes en mi perfil, “ojalá mandé solicitud”. A las pocas horas mandó solicitud y obviamente la acepté. Miré todo su perfil, me gustaba, realmente me gustaba mucho sólo había un pequeño gran detalle: la distancia.
Al día siguiente por la mañana, tenía un mensaje suyo preguntándome: ¿Qué pensaba que era el arte? Di mi respuesta y comenzamos a mensajearnos desde entonces. Recuerdo, que en aquel momento (y también ahora) no me gustaba mensajearme por messenger de facebook pero, me gustaba y me gustaba los temas de conversación. Rápidamente me volví adicto de sus mensajes, de sus palabras y de las cosas que pensaba, de las cosas que vivía en el día a día.
Años después, me visitó de sorpresa en Guadalajara y hay un texto que publiqué sobre eso: https://goo.gl/WfQBXx. Fue muy bonito. Fue algo que no puedo expresar con una palabra, porque no hay una palabra o concepto que defina lo que sentí cuando la vi, lo que sentí al darme cuenta que así como era en la distancia lo era en persona. Recuerdo que al regresar a mi casa después de pasar la tarde con ella y haber jugado jenga en un café, publiqué un meme de “si eres real, mejor dímelo ahora” https://goo.gl/ETfwAM. Mejor dímelo ahora, antes de que me enamore por completo. En realidad, era real, fue real, muy real. Y fue lo mejor que me pasó. Esa noche me regaló una taza de El Paso, pues sabía que colecciono tazas.
Esa vez, la vi en el lobby del hotel en el que se hospedó, corrió hacía mí y nos abrazamos, ese instante fue maravilloso, mientras nos abrazábamos le di vueltas hasta dejarla nuevamente en el mismo lugar. La vi a los ojos y nos sonreímos.
“Una eternidad esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan” (Soda Stereo – Entre caníbales).
Después, a los días, la bloqueé. La bloqueé de todo porque no tenía sentido, jamás me haría caso además de que, la distancia era tanta que era imposible. No tenía caso seguir ahí, enamorado de alguien, siendo mejores amigos y viviendo tan lejos. Nos amábamos pero no tenía caso.
Me buscó y hablamos, ella deseaba lo mismo que yo pero, creía que no nos merecíamos una relación a distancia. ¡Le gustaba! ¡También le gustaba y a ella!, “te quiero en mí vida y eres lo último que quisiera perder en la vida”, me dijo.
Dos meses después yo la visité, nos quedamos en el hotel Mónaco en la habitación ###. Debo comentar que debido a las prisas y el mísero salario que tenía, ella pagó el hotel. Obviamente me dio pena, pero ella se había ofrecido a pagarme el vuelo y al final quedamos que ella pagaría una noche de hotel pero, pagó las tres noches. Fue una experiencia que jamás olvidaré y que atesoro tanto, tanto en mi memoria. Esa ocasión decidí irme a vivir a Ciudad Juárez, no quería pasar más tiempo lejos de ella. Quería poder invitarla al cine, salir a tomar una cerveza de vez en cuando. Se lo dije, no tiene sentido lo que ella dijo, porque... como dice José Emilio Pacheco en su poema Memoria:
No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.
Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.
Dos meses después, llegué a Ciudad Juárez sin dinero, sin trabajo, sin casa, sin familia, sin amigos en esa ciudad pero estaba ahí porque la tendría cerca, porque estaríamos tan cerca y a la vez, tan lejos, pues ella vive en El Paso y yo no tenía visa. Pero todo, absolutamente todo valdría la pena.
Nos veíamos cada quince días, a veces cada fin de semana y nos divertíamos mucho, al menos yo, me divertía mucho junto a ella, hablábamos de todo. Todo, todo era perfecto.
Después, no tiene caso decir lo que sentí, lo que sentía al sentirla un poco lejana. Pero saben, el problema era yo, dejé tanto de mi vida y la convertí a ella en mi vida, que me volví casi dependiente de ella. Pero aprendí, me enseñó tanto.
Terminamos en enero y desde entonces, no ha pasado un solo día en el que no me arrepienta de que haya terminado, que no me duela que ya no esté mí vida. Era lo último que hubiera querido perder de mi vida.
“El mundo es una odiosa colección de recuerdos que claman que ella existió y yo la perdí”. (Cumbres borrascosas, Emily Brontë)
Toda esta ciudad me recuerda a ella, todos los lugares y los momentos en los que fui feliz junto a ella. Y aunque he intentado no he podido soltarla. Tal vez, no puedo porque no quiero pero, debo hacerlo.
Me voy ya de esta ciudad, me voy con la esperanza de poder soltarla a ella al soltar esta ciudad.
Es una historia tal vez muy bonita para algunas persona, para otros, una historia muy tonta. Pero es mi historia, fue nuestra historia. Hace unos días leí un texto con el que me identifiqué porque expresa exactamente lo que sentí:
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Espero que mi ex haya sido el amor de mi vida.
Ayer me encontré con un amigo que hace tiempo no veía, hablamos sobre nuestras vidas y como era de esperar me preguntó: “¿Cómo está tu novia?” Después de un momento le respondí: “No sé nada de ella, ya no estamos juntos desde hace bastante tiempo”. Y claro, me miró con una cara de tristeza y simpatía que todos intentan mostrarte cuando dices algo así, a continuación dijo lo que la mayoría de personas dirían para hacerte sentir mejor: “Vas a encontrar a alguien nuevo y lo vas a amar tanto como ella o incluso más.” Y yo realmente espero que mi amigo esté equivocado, espero nunca encontrar a alguien que ame tanto como a ella.
Lo digo porque lo que entregué de mi fue simplemente demasiado, me entregué de manera abrumadora, me lancé al vacío sin dudarlo, y me di cuenta que no había nadie para recibirme abajo cuando ya estaba cayendo. Un puente se sostiene de dos lados, y nuestro puente se cayó, claro está por leyes de gravedad. El amor que le di fue simplemente demasiado para mí.
Puedo decir que fue mi primer amor, lo digo porque nunca había sido tan sincero y entregado a alguien; al punto de no querer mirar a ninguna otra mujer porque ella era todo lo que quería. Era un amor lleno de ilusiones y expectativas, tanto que llegó un punto en donde mi felicidad era basada en hacerla feliz a ella. Era lo primero que pensaba en la mañana y lo último en la noche. Esperaba sus mensajes todo el día, hacía lo que fuera por verla, pensaba todo el tiempo en detalles que le alegraran el día, siempre traté de hacerla sentir la mujer más especial del mundo porque para mí sí lo era.
Y como casi todas las relaciones, el principio de esta fue lo mejor, esa pasión que te absorbe y te consume. Pero en poco tiempo ella cambió. Nunca sabré por qué, ya que yo sí era el mismo, el mismo que logró enamorarla al principio o eso creía yo. Tal vez nunca la enamoré o conoció a alguien más, o simplemente se dio cuenta que el amor que le tenía era tan grande que no iba a ser recíproco. Pero la razón ya no me importa, empecé a liberarme de todo aquello que no era saludable: situaciones, personas, gustos y cosas (incluido ella). Algunos lo llamarían egoísmo, yo lo llamé “amor propio”.
Espero que mi ex haya sido “el amor de mi vida”, porque no quiero volver a sentir esa clase de amor nunca. A pesar de que la relación duró poco, me cambió la vida y es algo de lo que nunca me arrepentiré. Ya que crecí como persona, y me di cuenta de lo que quiero y merezco. Me enamoré y me encantó cada minuto que compartí con ella, incluso cuando peleábamos, yo la amaba. Pero nunca me quiero volver a sentir así, amando tanto a alguien que cualquier cambio generaba dolor, sentir como ella se iba desvaneciendo me mataba lentamente y me comía por dentro. Y cuando tomé la decisión de seguir mi camino solo, fue como si mi mundo se detuviera y de ella dependiera moverlo.
Mi ex me enseñó más sobre el amor y la vida de lo que ella alguna vez sabrá; soy de las personas que piensa que todo en la vida pasa por una razón, por eso no me arrepiento de nada, las personas llegan a tu vida por una razón, o son una bendición o una lección. Me encantó estar enamorado. ♥️
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Me vine a esta ciudad porque quería estar urgentemente con ella. La última vez que la vi fue hace más de ocho meses. La amo tanto, la amé tanto pero, la perdí, terminé con ella por no tener la madurez de hablar las cosas y centrarme en mi vida y compaginarla con la de ella.
La última vez que hablamos por teléfono, le dije que lo volviéramos a intentar. No quiso. Le dije: es como si fuéramos náufragos de un barco y los dos estamos nadando hacía la tabla que nos salvaría juntos, en la que podríamos sobrevivir los dos pero por alguna extraña razón tú no quieres seguir, dejas de nadar. A lo que ella me respondió: No Alberto, los dos estábamos en la tabla y tú me tiraste de ella, me soltaste.
Y a pesar de todo, y a pesar del tiempo; la amaré siempre, de alguna manera. Te amaré siempre.