Primero quiero aclarar que amo ser mamá, mis hijas son mi vida, las adoro y es lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Mi hija la mayor tiene 3años y la menor 4 meses. Cuando mi esposo y yo decidimos tener otro hijo mi hija más grande tenia dos años y salimos embarazados muy rápido, al principio del embarazo todo fluía excelente mi hija todavía no entendía muy bien que estaba pasando, pues mi barriga aun no se veía, a pesar de que ella supo desde un principio que iba a tener una hermanita y que yo tenía un bebé en mi pancita. Conforme paso el tiempo y mi barriga crecía mi hija empezó a cambiar un poco su actitud, quería estar conmigo pero no le gustaba hacerle cariños a mi pancita, incluso me daba manotazos (sin fuerza) también notaba que siempre quería estar conmigo y no dejaba que nadie me tocará, ni siquiera mi esposo, ella se puso muy chipilona y apegada a mi. A los pocos meses cuando ya tenía una barriga bastante notoria y a punto de estallar, mi hija ya no tenía la misma actitud, como que ya entendía lo que estaba por pasar de hecho, ya buscaba mi barriga me daba besitos, la acariciaba, incluso le cantaba o platicaba, yo estaba muy emocionada por que ella ya estaba entendiendo exactamente lo que estaba pasando y estaba empezando a querer a su hermanita. No voy a negar que en un principio, cuando su actitud no era del todo positiva, si llegue a pensar que debimos de haber esperado un poco más de tiempo para embarazarnos de un segundo bebé, pues si alguien me hubiera advertido lo que iba a ser estar embarazada por segunda vez con un toddler en casa, ni lo hubiera hecho, sin embargo ahora que veo a mis hijas pienso que todo valió la pena. Ver como mi hija mayor cuida a su hermanita, lo tierna que es con ella, como la besa y la abraza, a sido el mejor regalo que la vida me pudo dar.