Sobre ser "santo"... ✝️
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Sobre ser "santo"... ✝️
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+ Cantaré eternamente la misericordia del Señor
Delante de todo el pueblo,
Ya que éste es el mayor atributo de Dios
Y para nosotros un milagro continuo.
Brotas de la Divina Trinidad,
Pero de un único seno amoroso;
La misericordia del Señor aparecerá en el alma
En toda su plenitud, cuando caiga el velo.
De la fuente de Tu misericordia, oh Señor,
Fluyen toda felicidad y toda vida;
Y así, todas las criaturas y todas las cosas
Cantad con éxtasis el himno de la misericordia.
Las entrañas de la Divina Misericordia abiertas
Para nosotros,
Por la vida de Jesús extendido en la cruz;
No deberías dudar ni desesperar, oh pecador,
Sino confiar en la misericordia,
Porque tú también puedes ser santo.
Dos manantiales brotaron en forma de rayos,
Del Corazón de Jesús,
No para los ángeles, ni querubines, ni serafines,
Sino para salvar al hombre pecador.
Decida-se ser Santo todos os dias, faça uma promessa e se empenhe ao máximo para cumpri-la. Faça um voto e renove-o todos os dias. Não fique vacilando como um barco a deriva, hora está em Deus hora nas coisas do mundo. Deus te deu o livre arbítrio para escolher o caminho que quer percorrer, então escolha apenas um, o do Senhor, e vá em frente; não fique patinando como carro atolado, pois o lamaçal não pertence a Deus. Economize forças no ir e vir. Ser santo é a decisão mais certa que um cristão pode tomar. Tenha convicção que essa é a melhor escolha e vá em frente, verás que a decisão é a força que te impulsiona e te faz resistente perante as dificuldades.
Moldada por Maria
"En la Iglesia las mujeres pueden tener un papel muy importante, empezando por el ideal más prestigioso: la aspiración a la santidad"
- Libro Dios o Nada, Cardenal Robert Sarah.
La verdadera santidad es algo que de ordinario tiene principios muy pequeños, muy ocultos, casi insignificantes; y se va desarrollando tan poco a poco, que casi siempre pasa ignorada, no sólo del mundo, sino aun de las personas más allegadas. Y los primeros que se ignoran y se desconocen son los mismos Santos.
La santidad es el germen escondido en el surco del alma, oculto a todas las miradas, pero que al fin germina; brota primero un pequeño tallo, que se va desarrollando, y, al fin, se transforma en un árbol de santidad, donde vienen a refugiarse las aves del cielo, y a cuya sombra se acoge el viajero fatigado.
Y la razón es manifiesta, porque la santidad no es en el fondo sino la vida de la gracia, que, como toda vida, nace de un germen que se desarrolla hasta llegar a su plenitud. Fuera de la vida misma de Dios, que por ser infinita es inmutable, toda vida creada, tanto en el orden natural como en el orden sobrenatural, es siempre el desarrollo de un germen que paulatinamente llega a su madurez. Por tanto, los Santos no los forja Dios una sola vez, de un solo golpe, como se troquelan las medallas: es el trabajo de un artífice que toma un pedazo de mármol y lo va desbastando poco a poco, y puliendo y cincelando, hasta convertirlo en una bellísima estatua. Con la diferencia de que el bloque de mármol es enteramente pasivo, mientras que en la obra de la santificación se necesita la cooperación del hombre.
Pero esta verdad se comprueba también de una manera experimental. San Francisco de Asís, por ejemplo, estuvo muy lejos de nacer Santo. Fue un niño como cualquier otro; fue un joven como todos los de su condición, y dado su temperamento demasiado sensible, gustaba de vestir bien, de sentarse a una mesa exquisita, de tocar la vihuela y de cantar; y no solamente participaba en las fiestas de sus amigos, sino que iba a la cabeza de ellos, como el más alegre y bullanguero. Si en esa época le hubieran dicho que iba a ser Santo de altar y Santo vestido con un sayal grosero y ceñido con cuerda ruda, hubiera estallado en la más sonora carcajada: ¿Santo yo?, ¿y en semejantes trazas?, ¿Cómo principió la santidad de Francisco Bernardone?
Por un hecho ordinario y trivial. Un día se encuentra con un pordiosero que le pide limosna. El joven sigue de largo, pero de pronto lo toca la gracia, el espíritu Santo le inspira que socorra a aquel menesteroso. El joven corresponde a la gracia y le da una limosna; siente entonces la satisfacción de haber hecho una buena obra y de haber aliviado una miseria, y esa es la chispa que prende el fuego de la caridad.
¡Cómo la gracia se acomoda a la naturaleza! Bernardone es de un natural dadivoso, espléndido hasta el derroche, y empezó a dar por todas partes y a manos llenas, hasta que, alarmado, su padre, lo acusa de estar despilfarrando sus bienes, ante el obispo de Asís.
Y el amor divino, que sólo esperaba ver vacío el corazón de Francisco, lo llenó con un amor que lo llevó hasta la transfiguración del Alvernia. Aquí vemos prácticamente cómo una santidad tan alta tuvo principios tan insignificantes.
P. TREVIÑO
De los escritos de San Rafael Arnaiz
1 de enero de 1938 - sábado
En la oración de esta mañana he hecho un voto. He hecho el voto de amar siempre a Jesús.
Me he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso..., no soy seglar..., no soy nada... Bendito Dios, no soy nada más que un alma enamorada de Cristo. Él no quiere más que mi amor, y lo quiere desprendido de todo y de todos.
Virgen María, ayúdame a cumplir mi voto.
Amar a Jesús, en todo, por todo y siempre... Sólo amor. Amor humilde, generoso, desprendido, mortificado, en silencio… Que mi vida no sea más que un acto de amor.
Bien veo que la voluntad de Dios, es que no haga los votos religiosos, ni seguir la Regla de san Benito. ¿He de querer yo lo que no quiere Dios?
Jesús me manda una enfermedad incurable; es su voluntad que humille mi soberbia ante las miserias de mi carne. Dios me envía la enfermedad. ¿No he de amar todo lo que Jesús me envíe?
Beso con inmenso cariño la mano bendita de Dios que da la salud cuando quiere, y la quita cuando le place.
Decía Job, que pues recibimos con alegría los bienes de Dios, ¿por qué no hemos de recibir así los males? ¿Mas acaso todo eso me impide amarle?... No..., con locura debo hacerlo.
Vida de amor, he aquí mi Regla..., mi voto... He aquí la única razón de vivir.
Empieza el año 1938. ¿Qué me prepara Dios en él? No lo sé... ¿Quizás no me importe?... Menos ofenderle me da lo mismo todo... Soy de Dios, que haga conmigo lo que quiera. Yo hoy le ofrezco un nuevo año, en el que no quiero que reine más que una vida de sacrificio, de abnegación, de desprendimiento, y guiada solamente por el amor a Jesús..., por un amor muy grande y muy puro.
Quisiera mi Señor, amarte como nadie. Quisiera pasar esta vida, tocando el suelo solamente con los pies. Sin detenerme a mirar tanta miseria, sin detenerme en ninguna criatura. Con el corazón abrasado en amor divino y mantenido de esperanza.
Quisiera Señor, mirar solamente al cielo, donde Tú me esperas, donde está María, donde están los santos y los ángeles, bendiciéndote por una eternidad, y pasaron por el mundo solamente amando tu ley y observando tus divinos preceptos.
¡Ah!, Señor, cuánto quisiera amarte. ¡Ayúdame, Madre mía!.
He de amar la soledad, pues Dios en ella me pone.
He de obedecer a ciegas, pues Dios es el que me ordena.
He de mortificar continuamente mis sentidos.
He de tener paciencia en la vida de comunidad.
He de ejercitarme en la humildad.
He de hacer todo por Dios y por María.