Anécdota de la noche
Agradable Domingo por la tarde, último día y horario de trabajo de la semana en "El México de Frida" (reconocido restaurante de mi ciudad) lugar donde laboro algunos fines de semana como Educador en una Ludoteca (un simple pero divertido trabajo de medio tiempo). Día justo de ausencia de niños en las tres últimas horas antes de cerrar puertas al público y ante ningún trabajo o tarea pendiente, siquiera clientes que atender, el modo inspiración entro en escena. Fui directo a la caja de material y tomé lo primero que encontré para lo que sea que mi mente quería hacer: un pequeño plato de papel, dos pinceles, uno grueso y otro delgado, y los cuatro botes de pintura de colores básicos que había ahí dentro. Mi inspiración no paraba de gritar, tanto que provoco cientos de pinceladas, combinaciones de colores y figuras diversas a la vez que mi mente se inundaba de pensamientos aleatorios colmados de emociones distintas, tanto miserables como alegres.
¿Qué pensamientos fueron los que tuve? Bien, todos englobaba mis recientes decisiones, mi estado académico en la universidad, mi estilo de vida repleto de egocentrismo, el complicado tema de tesis que opté por tomar, el nuevo intento de familia con mi padre en casa después de 8 años, mis hábitos de estudio y organización de actividades, mi actual pareja cuyos errores perdone y acepte, mi autoestima y poca satisfacción conmigo... Ah... Sentada en esa Ludoteca recordé la razón por la que estaba ahí, esa razón fueron todas las anteriores situaciones mencionadas, el pesar de todo ello y el querer un pequeño cambio comenzando por un trabajo relajante que diversión y distracción me brindase.
Pensamiento tras pensamiento los minutos iban pasando, mi turno estaba por terminar. Regrese a la realidad y noté éste intento de replica de La Noche Estrellada de Vincent Willem Van Gogh, una de mis obras preferidas. ¿Porqué? tal vez fue porque quería practicar la forma de realizar esa clásica obra, tal vez porque ansiaba usar pintura acrílica para crear algo para mí y no para los niños, o solamente porque me gustaba la idea de dibujarla y lo hice. Desconozco, sólo surgió y lo que sé es que al terminarlo me sentí... bien, relativamente, todo lo que guardaba lo desquite en ese platito de papel. Platito que ahora cuelga de la pared a un costado de mi ventana recordándome aquel día en que desperté por un momento y volví a dormir en la pesadilla de mi vida.
Es ahora cuando me cuestiono: Van Gogh, durante sus episodios de depresión, entre memorización e imaginación, qué clase de pensamientos abundaban en su deliberada mente para crear ésta influyente y maravillosa obra ¿tristeza? ¿agonía? ¿felicidad? ¿añoranza? ¿Arrepentimiento? ¿Frustración? Nadie sabrá responder a ello, pero, de algo estoy segura, cada que tomaba el pincel y observaba su lienzo en blanco el despertaba de su pesadilla.
— Cuasar 🌌 Estelar










