Sila Lua.
Inverfest. Sala El Sol.
Madrid, 17 de enero de 2025.
Sila Lua, y no tengo nada claro lo que voy a intentar contar, parece estar jugando al juego de la impostora. Apropiándose de todos los códigos del rap, para vestir su manera de entender un directo y, sobre todo, una narrativa propia, una especie de autobiografía que transita entre la arrogancia el concepto de los guarrimántico y la inconcreción. Y tal vez sea demasiado pronto, o esté demasiado parco para contar más, pero es precisamente la inconcreción, la sensación que tengo al escuchar sus nuevas canciones: que ha intentado soltarse, romper con el orden o la exposición de determinados temas, y se ha dejado llevar, asumiendo el desorden, con la única salvedad de la vida en la carretera como un finísimo hilo conductor, y con el rap como armazón para crear un directo que le haga justicia y se quede en la memoria del público. Ella misma, al presentar el nuevo disco en Instagram lo advierte: se ha mostrado más inmediata y más contradictoria. Y está bien así.
La parte sonora sin embargo está más clara y abraza el eclecticismo sin complejos. Menos hablar, más bailar, y cuanto más lejos, mejor: desde lo latino, con todos los sabores disponibles, a lo africano, esa sería su premisa. Pero, y sigo sin estar seguro de esto, Sila Lua tiene un futuro en el pop y sus modos que apenas empieza a explorar y que nos promete una creadora de canciones icónicas: la hija del capitán o Ojos; Tanta Vida estaría en ese lugar, aunque no es estrictamente una canción pop. Los boleros, y pienso en Yerbabuena o en, nuevamente, Ojos, también: es un capricho que pudiera menoscabar sus temas más pensados para bailar, pero que los enriquece, y es pertinente dentro de esa exploración de la música de América Latina, y que funciona sorprendentemente bien.
Salgo con la sensación de no tener claro qué contar de Sila. Y tal vez sea lo correcto. A ella he llegado por motivos dispersos, porque es una artista que se sale de lo común, aunque no tenga todavía una personalidad concreta, como músico. Supongo, que en el camino, me encontraré con ella, y la podré contar sin vacilar.














