Simonopio aprendió que el gran esfuerzo que requería hacer para decir las cosas más simples no valía la pena si nadie le entendía, si a nadie le interesaba.
-Sofía Segovia; El murmullo de las abejas
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Simonopio aprendió que el gran esfuerzo que requería hacer para decir las cosas más simples no valía la pena si nadie le entendía, si a nadie le interesaba.
-Sofía Segovia; El murmullo de las abejas
El Murmullo de las Abejas
Paso mucho tiempo hasta que volvimos a vernos; por muchos años creí haberlo olvidado, ahora que camino ya sin gracia, por esos rumbos a donde juntos nos dirigíamos a explorar los montes, esa sensación desaparece por completo.
Recuerdo sus ojos, su extraña boca, su mirada lejana y presente a la vez, sus manos jóvenes y fuertes que me cargaban y me decían en su idioma “somos hermanos, quiero protegerte” y así sucedida, así eran las cosas. El amor que nos unió aquellos años gloriosos era inmenso.
Luego la distancia hizo lo suyo. Nunca supe si fue él quien me abandono o fui yo; por muchos años pensé lo primero. La ternura de los recuerdos me planteo la duda.
Desde ya la vida siguió, no pude ponerle pausa, Simonopio, espero sepas entenderme, espero estés viniendo a buscarme sobre el Rayo, y me lleves a pasear por los montes, a sumergirnos en la vegetación, sentir su cálido aroma, mojar mis pequeños pies en el rio… volver a ser lo que éramos.
Te siento, se que estas tomando mi mano, como también se que hasta acá llega mi viejo cuerpo; ya que si me voy contigo, me voy de niño…
+ Es un gran libro, ¡lo recomiendo! Esto fue lo que me llevé de él.