The Northman (2022)
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@nocturnalrestlessness99
The Northman (2022)
Are You There God? It’s Me, Margaret. (Kelly Fremon Craig, 2023)
46. ¿Cuál es el propósito de mi vida y qué voy a hacer con ella? No lo sé y me asusta. Nunca consigo leer todos los libros que desearía, ni ser toda la gente que querría, ni vivir todas las vidas que me gustaría. Jamás tendré todas las destrezas que querría tener. Pero ¿por qué lo deseo tanto? Desearía vivir y sentir todos los matices, todos los tonos y las variaciones posibles de la experiencia mental y física, pero me siento terriblemente limitada. Sin embargo, no soy una cretina, ni una insulsa, ni una inconsciente, ni una estúpida. (…) Tengo muchas razones para vivir; sin embargo, inexplicablemente, me siento asqueada y triste. Tal vez esta sensación se deba a que no me gusta tener que escoger entre distintas alternativas. Quizás por eso quiero ser todo el mundo, para que nadie pueda acusarme de ser yo, para no tener que responsabilizarme del desarrollo de mi propio carácter y de mi filosofía. La gente es feliz… Supongo que eso significa estar satisfecho con lo que te ha tocado: sentirte a gusto, como un palito girando dócilmente en un agujero, sin aristas que molesten o lastimen (sin margen para asombrarse o preguntarse nada). No estoy satisfecha porque lo que me ha tocado, como a todo el mundo, es limitado. Las personas se especializan, se consagran a una idea, se encuentran «a sí mismas». Pero la auténtica satisfacción que uno obtiene al encontrarse a sí mismo la echa a perder la conciencia de que, al hacerlo, no solo está admitiendo que es un monstruo, sino que es un tipo especial de monstruo.
Plath, Sylvia. Diarios completos. España: Alba. (p.57)
Quiero llamarla, incluso ahora, en esta oscuridad, donde todo se me cae, donde nada parece durar, quiero llamarla y decirle un par de cosas lindas y algunas un poco crueles, también repetirle algo de lo que ya sabe, cosas que dijimos cuando aun podíamos sostenernos la mirada;
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No quiero dejarla hablar, no me interesa lo que tenga que decir. Una vida le bastará para imaginarlo, y un par de días a mi para cerrarlo.
Y la quiero, todavía la quiero. No como antes, la cobardía y la distancia han evaporado el cariño adolescente; pero la quiero. Y no, no se lo diría, porque creo que no lo sabe, y eso me hace sentir un poco mejor.
Las ganas y yo.
En días como estos, me rodeaba la cintura con sus manos pesadas y ágiles, empujaba mis caderas,
‘un día, un sueño, un paso’.
Nos mirábamos a los ojos, quisimos, pensamos y escribimos. Me aferraba a las certezas, a los susurros sobre segundas oportunidades y utopías bestiales. Planeamos mundos juntas, tejimos la fantasía, nos entendíamos y nos queríamos.
Las noches no se sentían así, Así. Con las piernas pesadas y el estomago helado, estirándome en la cama nada toco, nada rozo, ni los bordes, ni la vida, ni un amigo. Me dejó, se fue lento y cero días, ningún sueño, ¿Quién me ha quitado los pies?
No hay forma de intentarlo de nuevo, el espejo se borronea, es espesa la sangre, no se si es humedad, si es olvido, si soy yo ¿Quién me ha quitado el reflejo? ¿Quién me ha quitado las ganas? ¿Quién me ha quitado
Un solo zapato.
Una chica muerta que en silencio se va despedazando en promesas, mentiras y quizás. No levantó la mirada nadie le avisó, el dolor y los cables la rodearon mucho antes tanto antes. Las chicas muertas lo están desde hace tiempo.
Mimetizándose con las piedras ni el recuerdo quedará de un cuerpo cierta vez cálido y amarillo hoy entre jirones de un vestido desgastados y un solo zapato, ni el eco del llanto se conservará.
A nadie le importan las chicas muertas.
la dulzura
pantalones a los tobillos raspones en las rodillas pies descalzos y pegajosos amigos para siempre calles eternas helados que se derriten el zumbido de la televisión pies colgando del sillón, y mi madre, mi madre que me acaricia el pelo para despertarme
gritos y risas sin sentido bicicletas de colores regalos bajo el árbol secretos bajo su sombra los tallarines de la abuela qué son las despedidas? caramelos bajo la cama leche tibia, y mi madre, mi madre que me baña, me cura los raspones, me viste
cosquillas de mi abuelo el dibujo de un perro los gatos por el jardín granos de maíz en las zapatillas un nuevo CD sillas apiladas un muñeco en el suelo y mi madre, mi madre que me canta sobre niños, osos y princesas
mi mamá, quien crea la dulzura para verla en mi
Tu cara como un río.
Tu cara como un río, se alarga, pierde y confunde entre las piedras, entre mis sabanas. “No puede pasarnos a nosotras”, pero tiemblan tus brazos, se enfrían tus dedos, se cortan los hilos, perdemos conexión.
Y tu cara como un río nadando dentro mío, mordiendo la carne, impidiendo el sueño, volviéndome mar. “No puede pasarnos a nosotras”, y a nosotras a nosotras podría pasarnos de todo amor pero esto no, “no puede”.
Pero tu cara como un río, gritando desesperada, escabulléndose de mis manos. Ya no te toco, no respiro aliento ardiente, estiro mis piernas en la cama y nada puedo alcanzar. Porque esto nos ha pasado a nosotras, y el rio ha subido, rugió, rompió y se fue.
“No puede pasarnos a nosotras” y mírame aquí
mírame aquí mírame.
Inundación
Se filtra el agua por las puertas, las ventanas las cicatrices que no cerraron, acarrea sangre, barro y promesas. Suave, lenta y sucia va subiendo, pasa desapercibida tardo en vernos con el agua hasta las rodillas hasta la cintura hasta los pulmones alcanzando mi boca.
Fuerte, bruta y triste va invadiendo, inunda dentro mío. Y una luz, el ultimo atisbo de saber antes del diluvio. No podemos vivir, no en plural. No hay suficiente sangre, no alcanzan los huesos, no llegan los músculos.
Alguien debe sujetar las puertas, las ventanas y alguien debe de salir. Y allí, en la casa donde aprendimos a caminar, a hablar, a montar en bicicleta, alguien respira por ultima vez.
La línea recta de tu estomago.
Desde abajo... los suspiros, el reflejo, dos cuerpos. Sigo la línea recta de tu estomago subiendo arrastro mis dedos me envenenas, bajando tiemblo un poco me codicias, me tientas.
Barro, tierra y piedras siguiendo los bordes de tu cuerpo. Desde abajo mi mirada,
nada mas.
Amistad era un día de primavera, correr, saltar robar monedas perdidas, burlar el tiempo y las edades, sentirse invencible, perder la vergüenza un fuerte abrazo, cruzar charcos en bicicleta, tenerlo, sentirlo todo llorar hombro a hombro contar un secreto perdido en la complicidad y la risa,
sobre todo la risa.
Suena hoy en mi memoria, no llega a mis labios. El recuerdo es tibio y cruel. Yo me quede en el tiempo, y tu risa parece volar en mundos donde ya no pertenecemos.
a veces
no toda experiencia debe dejar necesariamente una enseñanza, a veces la vida es un acumular constante de momentos burdos, ordinarios y simples, a veces solo importa que estés tranquilo, que te pares a mirar
Una única cosa
Solo puedo darte una única cosa, las palabras. Sueltas, andantes, extrañas. No puedo aproximarme para tocarte, enlazar las manos, abrazarte esta noche; puedo, en cambio, contarte un cuento mentirte gritarte hablar sobre tu historia, sobre la mía y como inevitablemente llegamos siempre al mismo lugar.
Solo puedo darte una única cosa, las palabras. Escasas, secas, dolientes esta vez.
Destrocé el corazón de Celia porque pasaba la mitad de mi tiempo amándola, y la otra mitad, ocultando lo mucho que la amaba.
Los siete maridos de Evelyn Hugo - Taylor Jenkins Reid (via feminismohoy)
Si alguien me leyera y al hacerlo, descifrara el mensaje, los secretos, las palabras no dichas... entendería la nimiedad de mi existencia la desdicha de mis horas, que se van agotadas sin tenerte a mi lado, sin rozarte con mis manos.
Quisiera irme a otro lugar cambiar de rostro, de piel, ser una, ser miles, ser nadie. Quisiera, también, enredar entre mis piernas a la mujer mas linda del mundo besarla y que cambie conmigo. Quisiera poder correr, que no me falte el aire que no crea en las insuficiencias, que el tiempo no se me vaya. Quisiera tener otro amor, abrigar entre mis brazos a un hombre, llenarlo de paciencia hacerlo sentir algo más y lanzarlo lejos después. Quisiera ponerle un sentido a las cosas entenderme por una vez, despertar y estar completa, despertar y ser yo misma.
¿Cuándo fui por ultima vez?
A veces nadie.
Soy nadie, exageradamente nadie sin mis fantasías, sin mis sueños, sin el llanto abrasador que moja un rato y duele en mis ojos al salir el sol.
Nadie, irreversiblemente nadie sin otros para tocar, sin la duda eterna, sin las esperanzas (a veces chillonas, a veces marchitas).
Nadie, locamente nadie, sin mi imaginación desmedida, sin las historias contadas, sin los brazos de mi madre, sin los cuentos de mi infancia.
Nadie, parada al centro de un jardín vacío y seco, mientras sopla el viento helado y mi ropa se va deshaciendo. Nadie, a veces.
Nadie, esta tarde.