Sol de Invierno.
Eres como un solcito.
Un solcito tímido, con rayitos que me entibian desde lejos.
Eres un solcito que desaparece sin decir más que un quedo adiós, voltéandose y caminando deprisa hasta perderse en la distancia.
Un solcito callado, inmutable, bajo la forma de un joven delgado y de aspecto ausente.
Un solcito celeste, casi blanco, brillando incandescente en medio de un crepúsculo amoratado, atrapado en un eterno solsticio de invierno.
¿Por qué tan lejano?
Quisiera abrazarte y quemarme con esos rayos de hielo.
Quisiera que, simplemente, las llamas de tu halo me envolvieran hasta reducirme a ceniza cósmica.












