No más de dos semanas pasaron desde el imprevisto donde la mitad de humanos capturados escaparon muy flojamente. Sólo un par había sido hallados; congelados a cien metros de su campamento. El resto parecía haber sido tragado por la mismísima tierra. En parte eso le sacaba de sus cabales, pero por otro lado lo que le agobiaba era otra cosa. Una cosa mucho peor que un par de inútiles humanos escapando. Un pinchazo en su muñeca le hizo bajar la mirada, sacándolo de sus pensamientos por un segundo, los ojos violeta fijos en la mujer que le preparaba la vestimenta. ---L-Lo siento, lo siento, señor---. Apartó la mano importándole poco el haber desestabilizado a la mujer, bajó del banco donde llevaba al menos media hora parado y con un movimiento de cabeza le despachó tanto a ella como a las demás muchachas, quienes se apresuraron en escapar de allí tan rápido como se les fue posible.
Cuando se vio en completa soledad, bajó la mirada a donde le habían pinchado, donde una pequeña gota de sangre manchó la seda rosada. Sin pensarlo se arrancó la tela del cuerpo, viendo que la herida ya había desaparecido por completo. Y ahí, justo ahí, estaba la mayor preocupación de Vakyr. No sólo era el repentino sangrado, sino el color de su piel, que había pasado de un pálido blanco a un tono ligeramente moreno. Sólo ligeramente. Nadie lo notaría, sólo él. Al menos por ahora. Colocándose el abrigo blanco de piel en los hombros se hizo camino a la prisión improvisada. Todo era culpa del único humano en los aposentos, lo sabía. @starbliind













