Como cada día después de salir del trabajo, transitaba el camino hacia su casa pasando por una de las plazas principales de la ciudad. No había mucho movimiento, pero si se percató de una persona abrazada a sus rodillas sobre un banco, que no parecía estar con el mejor animo. Por un instante desvió la vista de esa imagen, intentando dejarlo pasar, pues no era su problema. Sin embargo cuando quiso seguir su camino, no pudo evitar olvidar lo que acababa de ver. Regresó unos pocos pasos hacia atrás y se acercó a la persona, a una distancia razonable. —Disculpa. ¿Estás bien?— preguntó, esperando que su pregunta no molestara. —No quiero ser entrometido, pero quizás pueda ayudar en algo— agregó, ofreciendo su sincera ayuda.










