En el exterior, la capa de nubes se había resquebrajado un poco y, a través de los casos claros, se filtraban vacilantes los rayos de luz para incidir directamente en la tierra blancuzca que se volvía clara y vibrante. Poco a poco el hielo se iba disolviendo, permitiéndole al sol que tomara el protagonismo de la escena. Entes desconocidos iban y venían, cada uno de ellos contaba una historia diferente, una anécdota que seguramente no terminaba en: vivieron felices para siempre. Necesitaba salirse de la prisión en la que se encontraba, para apaciguar sus demonios internos con la nicotina que tanta falta le hacía. El humo salía de sus pétalos, rehusándose a continuar en la cárcel que le prohibía continuar con su curso. Se volvía uno con el viento, soplando en distintas direcciones, llevándose así, las cadenas que lo mantenían aferrado al mundo terrenal. Los pensamientos (el caos) masculinos fueron interrumpidos por unos pasos (nada) silenciosos, mismos que lograron sacarlo del mundo (realidad) en el que se encontraba. “No recuerdo haber pedido compañía.” Prosas salían de sus labios con veneno, los vocablos masculinos constantemente demostraban su tan peculiar estado anímico.