Paciencia era una palabra extensa para el vocabulario de la fémina. Musa incapaz de soportar la avaricia que imponían en su persona; dioses dieron la libertad a los mortales de juzgar para encontrar una solución a sus problemas, incapaces de corroer sus mentes caían en tentaciones peligrosas. El resonar de las prosas masculinas sucumbía su anatomía, cual se mantenía en total relajación sobre su asiento, perturbarla no estaba en sus planes. “Pensé que eras menos idiota.” aclaró incitando la discusión que insistía por la posesión de un libro. Facciones impropias a punto de explotar, no marcaban importancia en la hija de Eva, quien observaba a distancia el entretenimiento de su día monótono. Avellanas volvieron al sitio perteneciente, líneas corrían de lado a lado, imitando la lectura que deseaba, aunque si era sincera no podía concentrarse teniendo al italiano plasmado frente a ella, el solo hecho de sentir su vibra causaba el erizar de su piel. Capaz de ignorar su timbre bastante audible, colmaba sus sentidos, Zeus era quien poseía a ese ser, relámpagos ambientados a su alrededor. “Tal vez el infantil es usted que desea poseer algo que aún no está a su nivel.” aclaró elevando su silueta se posicionó sobre el suelo para comenzar un andar hasta donde el profesor. “Tome. Deje de hacer berrinche, igual no es tan interesante.” señaló cuan fingida sonrisa en carmesís.
Tenía más defectos que virtudes, lo sabía mejor que nadie. Constantemente se metía en problemas debido a su falta de interés en las reglas. Por algo, sus padres constantemente lo mantenían vigilado, pero cuando el matrimonio de ellos llegó a su fin, no pudieron hacerse cargo de él. Poseía muchas de las cualidades de la deidad que lo observaba desde arriba, y desde que comenzó a interesarse por la mitología griega, encontró una realidad que lo mantenía alejado del mundo en el que vivía. Creció bajo la tutela de los antiguos escritos, encontrando respuestas en los dioses que se basaban en la supervivencia. Eran sólo ellos, y debajo de esas grandes divinidades, se encontraban los semi-dioses. “Eres tan… predecible.” Relamió sus pétalos de manera inmediata, el insulto profanado por la hija de Afrodita le había causado una sonrisa bastante evidente en su porcelana. El contrario disfrutaba de emplear el sarcasmo en sus pétalos, para poder mofarse de la creación de los dioses. Ahora entendía a los que habitaban en el Olimpo, esperando que sus descendientes cometieran algún error, para poder burlarse de ellos. Cada uno de ellos se equivocaba de una manera en específico, ofreciéndoles a los presentes un espectáculo digno de apreciar. “¿Algo a mi nivel?, tienes razón, fue mi error el haber comenzado una discusión con una niña.” Hace un ademán con su mano derecha, restándole importancia a las prosas que abandonaban los belfos de su acompañante. Algo en su actitud le parecía interesante, más sin embargo, debía admitir que le resultaba un tanto tedioso el tener que intercambiar palabras con la menor. Los pardos masculinos observaban las acciones femeninas, hasta que finalmente, le extendió el libro que necesitaba para comenzar a planear la clase de mañana. “Tiene palabras muy complicadas para ti, lo entiendo.” Miró a la joven con una mueca en sus facciones, para tomar el libro y finalmente, colocarlo debajo de su brazo. “Bambini immaturi quelli che abbondano qui.” Refutó en su lengua materna, desviando sus esferas a otros títulos que podían servirle para el material de apoyo del libro que finalmente sostenía.