seen from United States

seen from United States
seen from Morocco

seen from Vietnam

seen from Slovakia
seen from United States
seen from China
seen from T1
seen from Malaysia
seen from Slovakia
seen from South Korea

seen from United States

seen from Japan

seen from United States
seen from China

seen from United States
seen from Poland

seen from Malaysia

seen from Australia
seen from Latvia
x
«Apartas mi pelo con una caricia sensual que eriza el vello de mi piel. Siento que dentro de mí, un huracán empieza a tomar fuerza, una fuerza descontrolada. Siento miedo en cada poro de mi piel, miedo a lo que me haces sentir, miedo a lo que pueda sentir, miedo a lo que me puedas hacer… A que los principios nunca son como acaban siendo los finales. Porque todo cuento comienza con un “Érase una vez”, pero casi nunca con un “Fueron felices para siempre”. Besas entonces mi cuello y yo aprieto tu espalda con mis manos mientras que se me escapa otro gemido al sentir ese mordisco de tus labios en mi cuello. Cierro los ojos y susurro despacio:- Stephen…»
«Siento tus manos apretando mi espalda, al mismo tiempo que otro gemido se escapa de entre tus labios, estremeciéndome, haciéndome sentir una corriente de placer enorme, pero entonces escucho de nuevo mi nombre pronunciado en un susurro, y contengo la respiración cerrando los ojos para no contestarte mal. Trago saliva y respiro profundamente por la nariz, apartando el rostro de tu cuello, cuando me siento capaz de hacerlo-. ¿Qué…? -Vuelvo a decir sin poderme creer que otra vez vaya a pasarme lo mismo»
«Me haces otra vez esa pregunta, la misma que me hiciste el otro día, y yo trago saliva con fuerza. Mi mano se aleja de tu espalda para rozarte el cuello y alzarte el mentón y así mirarte a los ojos, echando un poco hacia detrás mi cabeza. Me acerco a tus labios despacio, y miro tus ojos, humedeciendo mis labios.- Stephen, yo… -digo, sin saber muy bien qué decir. Tan solo necesito mirarte a los ojos para darme cuenta de toda la pasión que hay en ti ahora, de todo lo que estás sintiendo conmigo, de todo lo que quieres ahora. Tiemblo ligeramente mientras mis dedos se clavan suavemente en tu nuca otra vez.- Quiero que me hagas el amor…»
«Te miro en silencio tragando saliva fijándome en tu mirada, buscando en ella algo que me haga pensar que no vas a hacerme lo mismo. Manteniendo silencio, te acercas a mis labios, y después te humedeces los labios. Me llamas de nuevo por mi nombre, y después de un silencio que se me hace eterno, siento tus dedos clavándose en mi nuca, y me dices unas palabras que alteran por completo el ritmo cardíaco de mi corazón, pues es ahora cuando no me puedo creer lo que escucho, pero sonrío y cierro los ojos de nuevo, para volver a tomar tus labios con los míos, besándote con mayor pasión aún ahora que sé que nuestro beso no terminará aquí, aunque en verdad un beso no termina nunca. Quiero besarte y desatar el nudo de tu garganta al hacerlo, sacarte de esa depresión en la que te encuentras, o al menos ayudarte a buscar la salida, y mientras te beso, pienso en que nadie podría quererte como te quiero yo, que nadie podrá adorarte de ese modo, que nadie más que yo sabrá advertir hasta el menor de tus dulces movimientos, de aquellos gestos imperceptibles de tu cara. Es como si solo a mí, se me hubiera sido concedida la facultad de ver, de conocer el verdadero sabor de tus besos, el color real de tus ojos. Nadie podrá ver nunca lo que yo he visto en ti. Y tratando de no desprenderme de tus labios, me pongo de pie tirando de tu mano»
—Alice y Stephen