Un violín silencioso
Nunca lo escuché tocar, aunque conocía cada letra y técnica de su falso repertorio.
Sus efes adornaban mi sentir en las noches difíciles de insomnio y en las tardes llenas de llanto.
Pero entre las mismas cuerdas, una noche, como huracán desatado, ensordeció mis oídos, agudizó mi sentir y abandonó mis latidos.
Ya no tenía sonido; después de verlo enredado en otros instrumentos, ya no encontré consuelo.
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Arrebata de mí tu recuerdo, déjame sorda y, si puedes, de mis huellas quema tu abeto.










