Suzi Gablik: Individualismo, ¿El arte por el arte o el arte para la sociedad?
Suzi Gablik, crítica e historiadora del arte indaga sobre el papel del arte en el mundo moderno, de si este debe servir para la sociedad o para si mismo, es aquí donde la autora hace evidente la división establecida entre aquellos que lo defienden y sus fervientes detractores.
En el período de la modernidad (1919-1939) el arte se desligo de la sociedad para servir a si mismo, para proteger su esencia creadora que se veía atacada por las sociedades capitalistas y totalitarias de la época, es por ello que los artistas de este periodo de tiempo se vieron apartados del mundo para encerrarse en si mismos, una obra de arte suponía una creación pura y espiritual, para Kandisky la obra de un artista se convertía en algo personal que participa en la creación de una atmósfera espiritual, la abstracción de las obras de la época se vincularon a los valores de la tradición heroica procedentes de Malevich y Kandisnky.
En el arte moderno tardío de los años 60 y 70 se vio una innovación en solo cuestiones estéticas pues no poseían ningún sentido revolucionario, un ejemplo de esto es Clement Greenberg que rechazó la idea del arte con un propósito superior, pues el arte es lo que es y está allí para ser estéticamente ‘’bueno’’, una obra es solo una superficie pintada y nada más.
En el renacimiento al ser la obra de arte un encargo poseía un compromiso social, en la actualidad, el arte se ha convertido en un mecanismo autónomo que por lo general no rinde cuentas a un mecenas, al no tener el arte un fin colectivo en la sociedad pasa a tener un papel individual, los Marxistas criticaron el hecho de que el arte no tuviera un fin social ya que para ellos, el verdadero arte estudia la sociedad, reproduce, reconoce y cambia la realidad social, a finales de los años 60 con la llegada de nuevos modelos como el arte conceptual, arte de proceso, arte corporal y arte de ejecución, el artista hizo de su obra algo inmaterial en un mundo material.
Lo cierto es que para los bandos que se miren, el arte parece no ser suficiente pues el artista desempeña una labor infravalorada en la sociedad occidental contemporánea; problema que remite al inicio del texto con Spengler, en la sociedad individualista actual el artista se aísla y se tacha de poseer una ideología burguesa pero es verdad también que cuesta un poco mirar por encima de nosotros mismos, ambas posturas sobre la labor social del arte, el socialismo marxista y la del formalismo estético se ven lejanas entre sí, lo que cuesta plantear ahora es si puede existir un punto medio, la artista finaliza con una frase que vale la pena destacar ‘’lo peligroso es que cuando todo se convierte en arte, el arte se queda en nada’’ el arte no puede existir sin un propósito, el arte es social pues es hecho por el hombre para el hombre, aquí es donde se debe cuestionar si debe servir al hombre que hace el arte; esto quizá suene a modo de capricho, o a la sociedad que lo rodea. A la vez es difícil creer que ese ser social creador de arte no comparta gustos estéticos con la sociedad que lo vio crecer pues es allí donde nace y se desenvuelve.
El artista no puede ser del todo ajeno a la sociedad y la sociedad no debe perder el valor del artista.