Efervescencia de la novela policiaca
Si bien la novela policiaca sigue conservando su atractivo en la solución de un crimen, en la búsqueda de pistas y en la persecución de culpables, los escritores mexicanos le han añadido algunos ingredientes que la mantienen no sólo viva, sino en plena efervescencia.
El género, considerado por algunos literatura de entretenimiento, tiene la ventaja de haber heredado la esencia de la narrativa clásica: una trama cuyo desarrollo tiene el objetivo de develar una verdad. Pero lo que antes fue el motor único de estas historias, ahora es sólo un hilo conductor que se pierde en un entramado mucho más complejo.
Incluso el final, el tan antes esperado desenlace en este tipo de obras, queda por completo relegado ante relatos mucho más complejos y una abigarrada colección de personajes que retratan, y en ocasiones caricaturizan, a todos los actores de la sociedad involucrados en asesinatos, corrupción y narcotráfico.
Bernardo Fernández, Bef, reciente ganador del primer Premio Grijalbo de Novela con Hielo negro (Grijalbo), va y viene entre la realidad y la caricatura al enfrentar a una agente judicial del DF con una mujer pelirroja líder de un cártel, que para robar toneladas de seudoefedrina de un laboratorio envía a un grupo de sujetos disfrazados de gorilas montados en patines.
Convertir el asalto en espectáculo no es fortuito…
La Jornada / Vox libris / 16 de octubre de 2011