Después de una tormenta, llega la calma. Hasta New York se recuperó después de que Bin Laden arrasara. Y sí, hasta una muñeca rota, puede arreglar sus descosidos. Para la calma, hizo falta el sol. Para New York, hicieron falta las personas. Y para la muñeca, hacía falta un costurero. Y quizás mi costurero seas tú. Quién ve más allá de las costuras rotas. Y quien ve más allá de una simple muñeca de trapo. Quizás y solo, quizás.
"Desastre", de Tania Pico.










