—¿Dónde estoy? —pregunta desesperado—. ¿Quién soy? ¿Quién soy? Y entonces oye el conjuro susurrado de Willem, tan cerca de su oído como si la voz se originara en su mente:
—Eres Jude St. Francis. Eres mi más viejo y querido amigo. Eres el hijo de Harold Stein y de Julia Altman. Eres el amigo de Malcolm Irving, de Jean-Baptiste Marion, de Richard Goldfarb, de Andy Contractor, de Lucien Voigt, de Citizen van Straaten, de Rhodes Arrowsmith, de Elijah Kozma, de Phaedra de los Santos y de los Henry Young.
»Eres de Nueva York. Vives en el SoHo. Haces voluntariado en una organización dedicada a las artes y en un comedor público.
»Practicas la natación. Eres un repostero excelente. Sabes cocinar. Eres un gran lector. Tienes una magnífica voz. Eres coleccionista de arte. Me escribes unos mensajes preciosos cuando estoy fuera. Eres paciente. Eres generoso. De todas las personas que conozco, eres la que mejor sabe escuchar.
»Eres abogado. Eres el presidente del departamento de litigios de Rosen Pritchard and Klein. Te encanta tu trabajo; trabajas mucho.
»Eres matemático. Eres lógico. Has intentado enseñarme matemáticas una y otra vez.
»Te trataron muy mal, pero saliste de aquello. Siempre has sido tú mismo
—¿Y quién eres tú? —pregunta al hombre que lo abraza, que le está describiendo a un desconocido, alguien que al parecer tiene muchas cosas, que parece ser una persona encantadora y envidiable—. ¿Quién eres tú?
El hombre también tiene una respuesta a esa pregunta.
—Yo soy Willem Ragnarsson. Y no dejaré que te vayas.
Tan poca vida ~ Hanya Yanagihara
Fotos: Thomas Ruff












