Recuerdo cada instante que pasamos juntos, cada día, cada vez que nos encontrábamos, recuerdo cada una de las palabras que nos dijimos, cada beso, cada abrazo, cada “Te amo”, todos nuestros desacuerdos, nuestras promesas, nuestros secretos…
Recuerdo hasta el más mínimo detalle entre nosotros. Éramos tan sensibles.
Recuerdo bien el día que la conocí. ¿Cómo no acordarme?.
Era sábado, caminaba tranquilamente por la calle, tal como si fuera un simple sábado más, sólo, descubriendo la ciudad. Tenía una canción repitiéndose una y otra vez dentro de mi mente (aún sigo sin saber la razón), “Los Claxons – Menos de ti”. Sabía que la canción no era nueva, pero esa misma mañana desperté escuchándola en la radio. Estaba haciendo mucho calor, era mitad de verano, traía puesta una polo blanca y un short color salmón, caminaba algo distraído, por lo mismo de que traía esa canción en mi mente, pero justo cuando pensé que no podía estar más perdido en mi propio mundo, la vi…
Es verdad, también habían muchas otras chavas cerca, pero ella tenía algo que nunca había visto antes en alguien, algo que la hacía resaltar dentro de todas las demás. La forma en la que sonreía, en la que me veía, cómo caminaba, cómo se le movía el pelo. Me encantó todo de ella al instante. Todo.
—«Tienes que hablarle.»— Pensé.
Las posibilidades de volverla a ver eran muy pocas, era hablarle en ese momento o olvidarme de ella y seguir caminando. Elegí la mejor opción.
«¿Hola? ¿Qué rayos me pasa? ¿Eso fue todo lo que se me pudo ocurrir? No puede ser, ¿Por qué empecé a hablarle así? »
Hubiera seguido haciéndome miles y miles de preguntas de no ser porque ella también me contesto con un dulce…
Su voz era perfecta. Suave, dulce y tierna, pero a la vez atrevida y seductora. En ese momento supe que ella iba a tener un papel muy importante dentro de mi vida, no por su voz, claro está, sino por la manera en la que me veía al hablar. Era como si estuviera deduciendo cada secreto de mí, mi forma de ser, mi forma de actuar, todo.
Mi corazón se aceleró muchísimo, la canción dentro de mi mente sonaba cada vez más y más fuerte, no me dejaba pensar con claridad, no sabía que más podría decir en ese momento.
«Piensa Ricardo, Piensa»
—¿Cómo te llamas?— Se me adelantó.
Se me escapó una risita de lo nervioso que estaba, pero al parecer le gustó mi sonrisa, porque ella me contesto de la misma manera. Sonriendo.
«Natalia, Natalia, Natalia»
Su nombre se repetía una y otra vez dentro de mi mente.
—…No eres de por aquí ¿Verdad?…— Continuó.
¿Cómo lo sabía? Nadie antes lo había notado. Quizá la manera en la que vestía o la forma en la que hablaba. Igual y tenía un acento gracioso al hablar y no lo había notado.
—No, soy nuevo en la ciudad ¿Cómo lo sabes?…— Pregunté.
—Por que jamás se me habría olvidado tu cara.
¿Era un cumplido? No lo sabía, pero todavía no puedo pensar en una respuesta más inteligente que esa. Hizo que mi interés hacia ella se incrementara aún más.
—¿Sabes? Estas muy bonita, y no quería desperdiciar la oportunidad de poder hablarte.— Le dije.
—Gracias, y la verdad que bueno que te atreviste a hacerlo.
Ya no sabía que decir, estaba completamente deslumbrado con su belleza. Ahora que ya llevaba más tiempo hablando con ella, me di cuenta de muchos otros detalles que de lejos ni siquiera había notado. El color de sus ojos, de su pelo, el grosor de sus labios, lo delicado que era su nariz, sus lindas pestañas. Para mi, no tenía ni un solo defecto.
No se cómo pero, ese mismo día, la invité a cenar . Aceptó.
En esa cena, nos conocimos un poco más, me contó de su familia y yo de la mía, hablamos de intereses y gustos.
— «Somos el uno para el otro.»— Pensé.
Al pasar más tiempo con ella sentí como sí ya la hubiera conocido cuatro o cinco años antes.
Nuestra relación se hizo cada vez más y más fuerte. Salíamos a caminar por las mañanas, comíamos juntos por la tarde, íbamos al cine cada que salía una película nueva por las noches. Cafés, cenas, idas al parque, fiestas, ya hasta hacíamos ejercicio juntos. Cada vez me enamoraba más y más de ella pero no quería darme cuenta de que eso era lo que realmente me estaba pasando, simplemente trataba de ocultarlo.
Hasta qué un día sucedió lo inevitable, ya no podía guardarme lo que sentía, tenía que hacérselo saber de inmediato. Pero no era tan sencillo, tenía miedo de que no me correspondiera, miedo a que me rechazara, a que ya nada fuera igual entre los dos…
Sin embargo lo hice, me arme de valor y se lo dije. Jamás sabría la verdad si no lo hubiese intentado, y… Ciertamente… ¿Qué perdía con intentarlo?.
—Natalia, quiero decirte una cosa muy importante…
Sus mejillas se empezaron a enrojecer. Se notaba una cierta ansiedad en su cara, como si estuviera esperando que le dijera algo, algo que tenía tiempo esperando escuchar.
—Pues… Quiero decirte que…
Yo estaba muy nervioso, pero conforme le iba diciendo más palabras, sus ojos se iluminaban más y más. Así que continué.
—….que estoy enamorado de ti. Siempre lo estuve, desde el primer día que te vi. Estoy enamorado de tu mirada, de tu sonrisa, de la manera en que caminas, de la forma en que me hablas, de como ves las cosas, de tu risa, de tu llanto, de tu aroma, de tu rostro, de tu piel…
Me detuve por un momento. Ahora era ella la que se había quedado sin palabras. Dije exactamente lo que ella quería que le dijera. Estaba maravillada. No decía ni una sola palabra, pero con su simple expresión me lo decía todo. Estaba enamorada de mi.
Sin dudarlo ni un segundo, me acerqué un paso hacia ella, lentamente le acomodé el pelo detrás de su oreja y le dije:
—…En verdad estoy enamorado de ti.
Esperé unos instantes antes de hacerle una pregunta. Me agradaba cómo estábamos. Frente a frente… Respirando el mismo aire… Viéndonos a los ojos… Agarrados de la mano… No podría haber un momento más perfecto que ese.
—Natalia, ¿Quieres ser mi novia?.— Por fin pregunté.
Admito que esos fueron los cuatro segundos más largos de toda mi vida. ¿Qué tal si ella no creía que ese era el momento adecuado?. El miedo que ya había superado antes , se apoderó de mi de nuevo. Estuve a punto de dar un paso hacia atrás. Pero justo antes de hacerlo, contestó.
—… Ya te habías tardado en preguntarlo, ¿No?. Jajaja.
Jamás había estado tan contento por algo así antes. No lo podía creer. La chica con la que había soñado estar, por fin estaba conmigo.
Ni siquiera lo pensé. Acaricié su rostro, la tomé del pelo y, en el momento en el que mis labios tocaron los suyos, ambos sentimos algo inexplicable dentro de nosotros. Esa misma sensación que tiene uno al cumplir un sueño la estábamos sintiendo dentro, en la cabeza, en el corazón, en el estómago, en todo el cuerpo.
Mentiría si dijera que fue una sensación que no volví a sentir jamás, porque sí la sentí, muchas otras veces… Con cada beso que ella me daba…
Fuimos muy felices juntos, jamás caímos dentro de la rutina. Al igual que ella lo hacía conmigo, yo siempre buscaba la manera de sorprenderla, y muchas veces lo conseguía. La invitaba a mi departamento a cenar y yo cocinaba. Aunque no fuera nuestro aniversario o algún otro día especial, yo le tenía detalles. Aprendí a tocar la guitarra solo para dedicarle una canción y cantársela.
Y así pasaron días, semanas, meses, años, y los dos nos enamoramos cada vez más el uno del otro. Éramos diferentes. Nos gustaba ser diferentes. En verdad nos amábamos.
“Hasta que un día, al igual que 4 años antes, pasó lo que tarde o temprano tenía que pasar.”
«—Recuerdo cada instante que pasamos juntos, cada día, cada vez que nos encontrábamos, recuerdo cada una de las palabras que nos dijimos, cada beso, cada abrazo, cada “Te amo”, todos nuestros desacuerdos, nuestras promesas, nuestros secretos…
Recuerdo hasta el más mínimo detalle entre nosotros.
Éramos tan sensibles.
¿Recuerdas el día en que nos conocimos Natalia?…—
—Claro que lo recuerdo Ricardo, siempre lo recordaré…—»