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Can’t risk it
The duck of creativity. I waited so long for it.
Con los años entiendes que tampoco entiendes nada cuando creces.
(via yazbelth67)
Insinuar también es una forma de decir las cosas.
(via chucklarousse)
Hay sonrisas que son mucho más que solo eso.
The unhappiest people in this world, are those who care the most about what other people think.
C. JoyBell C. (via hqlines)
I like her. She likes him. Godfuckingdammit
And it is the presence of her absence that makes me realize that I can be happy even when I’m incomplete.
RH
And when I woke, my whole world was spinning around her.
RH
Two seconds ago I felt infinite.
RH
El: Disculpa, ¿nos conocemos?
Ella: No, no lo creo...
El: No, no fue una pregunta, fue una propuesta.
Buen Trabajo.
«— Tenemos que irnos de aquí—dijo bastante apurada—, en cualquier momento llegarán más. —Tranquila Alfa, todo está bajo control.» Tierra Año 2113 Cuando era chico, mi abuelo siempre me contaba historias de cómo era la tierra antes de que yo naciera. Edificios por todos lados, personas caminando por la ciudad, especies de seres vivos que domesticaban y cuidaban dentro de sus casas, les solían llamar perros o gatos. Había países, estados, ciudades. Espacios donde dejaban crecer a la naturaleza. Autos transitando las calles, barcos navegando los mares, aviones surcando los cielos. Las personas no tenían miedo de salir por las calles, o al menos, no tanto como ahora. Suena de fantasía, ¿no? Hoy en día, a la poca gente que le platico esto me dice que no es verdad, que no tengo pruebas, que me fije en mi alrededor y piense en la posibilidad que tiene, lo que mi abuelo me contó, de haber pasado. Recuerdo, a mis 9 años, que, a pesar de que no era igual que antes, sí era un lugar mejor para vivir que hoy. La población aquí en la tierra se redujo a 3' 500, 000 personas. Cuando nací éramos más de 150' 000, 000. Cuando iniciaron el protocolo Skyler dijeron que la nave aterrizaría en la tierra para llevarse 500, 000 personas cada 6 meses. Solo ha aterrizado en la tierra tres veces, y la última vez fue hace 12 años. Si hacemos la cuenta, de los ciento cincuenta millones de personas que habíamos en la tierra sólo se llevaron a millón y medio. Los otros ciento cuarenta y cinco millones han sido exterminados por oficiales de Skyler. Son una clase de androides que han sido programados para terminar cualquier tipo de vida en la tierra. Han acabado con todo, incluso con las otras pocas especies de seres vivos que aún quedaban. Los controles están en las oficinas S dentro de lo que antes fue Chicago. Un amigo creó un software capaz de cambiar el objetivo de los oficiales para que, en lugar de que nos asesinen, nos ayuden a rehabilitar la tierra, a quitar todos los desechos que están en la superficie, disminuir la radiación que quedó en "Europa" después de la guerra. Empezaremos con una ciudad, luego un estado, después un país y terminaremos con todo el mundo. Hace dos semanas mi amiga alfa, mi mejor amigo K y yo viajamos a Chicago para instalar este software. Sé que mi abuelo estaría orgulloso. Es verdad, al principio no fue nada fácil el adentrarnos en la sala de máquinas general. Habían cerca de 100 androides vigilando las puras oficinas, otros seis más dentro de ellas, y por último, dos en la sala de máquinas. Tuvimos que escondernos en los escombros e ir distrayendo a los oficiales mientras nos aproximábamos. K desactivó las cámaras y los sistemas de seguridad, Alfa tenía los planos de las oficinas y nos metimos por los conductos de aire acondicionado, yo había pasado mi vida enfrentándome a los oficiales así que era el que mejor los conocía. Al llegar a la sala de máquinas nos dimos cuenta de que en vez de dos oficiales solo había uno en realidad. Por lo tanto fue fácil, bajé del conducto sigilosamente y me acerqué por su espalda, lo agarre del cuello con mi antebrazo y con la otra mano le giré la cabeza haciendo que los cables se reventaran. Finalmente le arranqué los dos cables que conectaban el cuerpo con las piernas. —Es todo, ya terminé con él—dije. —Hay que hacer esto rápido—comentó K. —Sí, antes de que los oficiales se den cuenta de que estamos aquí. Ya que estábamos todos abajo, nos dirigimos a la computadora central para empezar con el hackeo. K conectó una serie de cables a la máquina y enseguida se mostró en la pantalla un mensaje que decía: CARGANDO 0% Comenzaron a pasar rápidamente una serie de comandos y, paulatinamente, el porcentaje comenzó a incrementar. Nos repartimos tareas. Alfa tenía que quedarse a cuidar el progreso de la subida de datos. K y yo teníamos que recorrer la zona de máquinas para cuidar que no hubieran oficiales y, por lo tanto, que no se nos complicaran las cosas. Después de 15 minutos regresé con alfa, quería revisar cuanto nos faltaba. Ya habíamos alcanzado el 68% cuando de pronto escuchamos un disparo. —¡K!—exclamó alfa. «Puta madre, ya valió...»—pensé. —Tranquila alfa, no pasa nada—dije. —¡¿Cómo mierda no va a pasar nada, Will?!—contestó desesperadamente. —Mira, terminamos lo que venimos a hacer y nos vamos—le dije como si en verdad no hubiera pasado nada. Ese disparo solo podía significar dos cosas. Había un oficial en la sala y K había muerto. — Tenemos que irnos de aquí—dijo bastante apurada—, en cualquier momento llegarán más. —Tranquila Alfa, todo está bajo control—mentí. Escuché unos pasos detrás de mi. Sentí la punta de un metal frío detenerse justo en mi nuca. Alfa estaba paralizada. Un punto rojo se posicionó en su frente... «Piensa Will, el oficial tiene las dos manos ocupadas.» Mientras ideaba una manera de poder girar y desactivar al oficial sin que lograra hacernos algún daño, ambos escuchamos... —Lamento tener que hacer esto—dijo con una voz temblorosa antes de apretar los dos gatillos. Alcancé a girar para poder ver al maldito oficial que me quitó la vida. Pero me había equivocado. No era un oficial. Era K con una camisa del protocolo Skyler. —Hijo de...
¿Será posible?
—Pero es que... En verdad lo amo—dijo mientras bajaba la mirada — Entonces tienes un concepto muy equivocado del amor. —Si no es eso, ¡entonces dime lo que es!—exclamó llorando. —Para empezar, no puedes decir que sientes eso por una persona que te trata así de mal. Yo sé que has pasado más noches llorando en tu casa, que días riendo a su lado. Yo sé cómo te trata. A veces pareciera que no te da importancia alguna. Que sólo te ocupa para satisfacer su apetito sexual y nada más. No puedes decir que amas a alguien que intenta hacer cualquier cosa para hacerte sufrir. —¡Pues yo sí lo amo!—gritó desmedidamente—... Y no sé qué haría si él me dejara. —La obsesión no es una forma de amar. Desde ahí te tienes que dar cuenta. —Pero no estoy obsesionada, ¿o sí? —Claro que lo estás, Ana. Ya hemos hablado muchas veces de esto, sólo hazlo y déjalo ir. Son el tipo de personas que no valen la pena. De hecho, ninguna persona vale la pena. —¿Será posible? —Claro, sólo tienes que hacerlo. —¿Y mis papás? —No lo notarán, nunca lo han hecho. —Tengo miedo... —No te dolerá. Confía en mi. Se miraron fijamente a los ojos. Ana no podía reconocerse. Tomó la navaja que estaba a un lado del lavamanos, la acercó a su muñeca y la recargo sobre su piel. —Pero... —¡Hazlo! El grito fue tan fuerte que despertó a sus padres. Eran las 3:25 am y un ruido así era suficiente motivo para alarmarlos. Bajaron corriendo las escaleras. Pero cuando llegaron... No encontraron nada más que un rastro de sangre y una navaja tirada en el piso. Y en el espejo, pintadas con sangre, habían letras que decían siniestramente la frase: Al fin lo hice.