Celeste es paisaje, y una historia que se extiende a formatos envolventes. Este texto acompaña un conjunto de obras que fotografiamos en los interiores del lugar en que vivimos: el Edificio Victoria.
Cómo comenzó
(Adentro)
En el vestíbulo del edificio, un espacio vasto que protege y aísla de lo agitado que es vivir en el centro histórico, veo a diario los muros y las bancas de mármol rosa, en los días calurosos las agradezco. Fernanda y yo nos enamoramos del edificio por este espacio de estilo moderno, alias Art Deco, autoría del Ingeniero Ernesto Buenrostro. El Edificio Victoria se inauguró en 1938, cuatro años después de su vecino el Palacio de Bellas Artes. Imagino que el Ingeniero Buenrostro visitó ese nuevo espacio y decidió vincular su obra al impresionante palacio, volúmenes de mármol rosado pueden encontrarse en el vestíbulo de ambas construcciones.
(Abajo)
Abajo a nivel de tierra, se encuentran un par de obras en donde cuerpos esféricos, quizás recipientes, están dispuestos a ser ocupados por destellos de luz que emiten otros cuerpos superiores. Una frente a la otra, dando la bienvenida.
¿Cayeron estos cuerpos? O ¿de dónde surgieron?
¿Están en reposo o esperan transformarse?
Al imaginar una línea de horizonte sobre un plano, se abre la narrativa del arriba y del abajo, estos cuerpos esféricos los reconocemos como parte del abajo. Ambas obras se corresponden con los colores del mármol.
(Ascenso)
Atravesamos el vestíbulo y subimos por las escaleras acompañados por el diseño casi melódico de círculos y rectángulos de un ventanal que en el tercer piso remata con una luminaria que desciende del techo. Vidrios traslúcidos y ámbar predominan en la composición. En este punto intermedio, y a veces desapercibido entre el arriba y el abajo, colocamos una obra «canal» que acerca al primer cuerpo esférico con otros superiores. Una conjunción amable de formas, esferas de distintos tamaños y emisiones de color coinciden aquí.
¿Qué traman entre ellos?
La geometría de la pintura se corresponde con la del ventanal enmarcada por un sensual pasamanos de aluminio y herrería que acompaña el recorrido. Seguimos.
(Arriba)
¿Qué encuentras al mirar hacia arriba?
Indagamos esto con una obra en la que imaginamos los astros en el cielo visible, e invisible. Reunimos en un sólo toldo los cuerpos celestes que reconocemos cercanos y los que se presentan como un misterio.
Entre los balcones interiores de un espacio reservado a quienes habitamos el Edificio Victoria, colgamos la Obra Parasol. La obra es visible desde el patio interior con la fuente de diseño vegetal recubierta de lozas verdes y azules. Un espacio que me hace especular si el propósito original del edificio era otro y no habitacional.
La Obra Parasol está en conjunción fugaz con el patio interior de balanceados volúmenes, líneas y colores.
(Interior)
Fue en el departamento 105 con su ventanal curvado en donde comenzamos las charlas para hacer esta historia posible: qué aportas tú y qué aporto yo. Decidimos trasladar a las obras nuestra habilidad en conjunto para hacer y habitar espacios cálidos y ordenados, «buena calibración» lo llama un amigo. Después nos mudamos a una copia de nuestro primer departamento, pero en el tercer piso. Nuestro nuevo espacio es favorecido por la iluminación natural, desde ahí es visible la torre de Telmex y la cúpula de la parroquia de San José, ambos en el barrio de San Juan.
Este departamento es el refugio, el espacio donde suceden las negociaciones y los acuerdos del diario que ahora se extienden a las obras. Extendemos las telas de Celeste como dejar caer un telón. Abrimos un espacio/paisaje en donde una línea horizontal marca el arriba y el abajo, el cielo y la tierra. Ahora, aparece el cuenco que recibe la historia que hacemos día a día, la casa.