Literalmente hace unos minutos acabo de ver el nuevo video de Eminem dedicado a su hija mayor para cuando él muera, para darle fuerzas y recordarle siempre lo mucho que la ama. Y bueno, he llorado al verlo. Porque mi padre se fue hace casi dos meses sin decir adiós, porque nunca quiso una hija, especialmente una como yo.
Prefirió morir solo que estar con su hija mayor. Mientras tanto ahí está Eminem, un tipo de lo más rudo y controversial, gritándole al mundo entero que ama demasiado a su hija, mostrándola a todos en vez de esconderla, escribiéndole una canción de lo más bella, con un montón de videos vhs y recuerdos de su infancia y de su vida adulta que él ha atesorado con mucho cariño.
Y nada, así son los duelos. Después de la crisis inicial, pasa un tiempo de calma en el que te sientes bien y no sufres más por la pérdida. Y de pronto pasa algo que te toca esas fibras sensibles, ves un video de YouTube y de nuevo vuelve el sentimiento de melancolía y terminas llorando por lo que merecías pero que nunca fue.
Así es la montaña rusa del duelo. Y no queda más que aceptarlo y tratar de procesarlo de la mejor manera.