TESIS DE LA HERENCIA REFLEJADA
La sociedad chuquisaqueña vive en un estado de decadencia perpetuo. Sus instituciones más representativas: Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, Gobiernos Departamental y Municipales así como la Iglesia han perdido influencia y legitimidad al haberse extraviado en el tiempo luego de haber perdido el hilo de comunicación con la madre Patria, España.
El rol de La Plata, Charcas, Chuquisaca fue el de epicentro del político, generar una nueva élite formada bajo los esquemas, cultura y directrices de la Corona. Mismos que se encargarían de dominar a la población en lo social y reproducir los dictámenes digitados desde España que barnizada en la fe católica cristiana tenían el medio perfecto para establecer la obediencia ciega a un sistema que había decidido hace mucho su futuro y destino.
Sucre solo es la prolongación de sus hermanas mayores pero a diferencia de ellas es huérfana, y para colmo una madre primeriza que dio origen a una República de nombre Bolivia. Este nuevo rol demandaba de un cambio en sus viejos hábitos como aquel de depender de una madre alejada por la distancia pero siempre pendiente de los dorados y plateados envíos que hacían llevadera la distancia que los separaba.
200 años después la sociedad heredera de la Colonia a labrado en el subconsciente popular verdades que han pasado de generación en generación sin ningún tipo de cuestionamiento lo que ha desembocado en una imagen totalmente distorsionada de la realidad. Donde debió haber un desprendimiento para con el nuevo proyecto común, la República, lo único que hubo fue un cierre definitivo de posiciones respecto a una superioridad que le permitía atribuirse para sí el poder político por encima del resto de regiones que hacían parte de lo nacional.
Viejos roles del pasado así como los privilegios que los adornaban fueron reciclados para beneplácito de una sociedad que había visto la caída de la Colonia como una nueva oportunidad para gobernar, no olvidar el hecho fundamental que sus ideas, su idiosincrasia, su forma de concebir la sociedad tiene bases muy profundas en la academia española, la construcción de una elite que refuerce el rol dominante de la Colonia por encima de los locales, una sociedad con niveles claramente definidos y con un ejercicio de ciudadanía diferenciado, funcional al sistema.
Señalar los defectos y pecados de la sociedad no cae en la difamación sino en un proceso doloroso necesario para despojarse de las ideas equivocados que minan la alternativa de crecer como sociedad en todo aspecto: económico, social, cultural, etc.
Los procesos reflexivos en las sociedades decantan sin lugar a dudas en individuos propositivos, escépticos e inconformes. Ingredientes clave para la competencia y el florecimiento de una infinidad de ideas con base material en empresas, emprendimientos, startups que a la postre alimentan a la sociedad de valores y principios nuevos como el esfuerzo, el compromiso, la responsabilidad, el trabajo duro y sobre todo el abrazar el fracaso no como un mal apocalíptico sino como un mal necesario para corregir el rumbo y continuar con más sabiduría y experiencia acumulada.
Sucre, recibió la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad un 13 de diciembre de 1991. En lugar de convertirse en una oportunidad se transformó en un espaldarazo para reafirmar viejas ideas que hasta ese momento no habían llevado a ningún lugar a la región. Los estruendosos vítores y aplausos fueron suficientes para callar voz disonante que señale lo contrario, el camino era claro debemos vivir de nuestro glorioso pasado, porque su majestuosidad y esplendor es demasiado como para que alguien pueda resistirse por lo que estamos ante una verdadera mina de oro, aquellas que inundaban de recursos a la vieja Plata, Charcas, Chuquisaca para que sus hombres más iluminados las gestionen y administren para el beneficio de la ciudadanía.
El convencimiento de sentirse superiores y tocados por la divinidad para recobrar un puesto protagónico inundo cuerpo y alma de la clase política e intelectuales, si los hay, para gritar a los cuatro vientos que se comete una injusticia con Sucre y que existe una deuda histórica pendiente de ser saldada. Queremos instituciones para recobrar el poder político y queremos los recursos económicos que permitan desarrollar ese gigante dormido, el turismo.
Lamentablemente ese pensar reforzado a lo largo de los años no es más que la herencia reflejada en los cristales de las viejas casonas de la ciudad. Abrazar el pasado porque se es incapaz de lidiar con un presente paupérrimo no es una estrategia inteligente porque al pasar el tiempo aquel nostalgia del pasado se vuelve cada vez más lejana al punto de ser imperceptible para las nuevas generaciones.
La ciudad blanca es más que sus viejas construcciones, sus calles angostas, y ese aire pasivo que da la ilusión de asentarse permanentemente junto al tiempo tal cual lo hace el polvo cuando un habitación permanece imperturbable a la espera de ser habitada.
Por tanto, la única alternativa que tienen los ciudadanos que confían en su percepción, más que en las verdades imperturbables que la vieja idiosincrasia trata de imponer, es buscar nuevos aires donde la sociedad los reciba con un aire de futuro prometedor en lugar del aire enrarecido polvoriento de una sociedad negacionista en conflicto con todo lo que cuestiona sus verdades monolíticas.
Tanto la clase política como la intelectual, repiten las mismas consignas al punto de rimar entre sí, las instituciones son cajas de resonancia de una misma forma de interpretar la coyuntura y el futuro al que espera en el horizonte. Por lo que sino se sustituye a ambas destruyendo la vieja noción colonial de superioridad divina así como los derechos ganados materializados en una deuda histórica que reclama el sitio que se ocupo hace 200 años. Es tiempo de cambiar la nostalgia por la esperanza que radica en la oportunidad que da la innovación y tecnología, hoy son las ideas las que definen el progreso de los países no basta con sostener la titularidad sobre recursos naturales o insumos. De que sirve vivir en un museo donde el único espectador es el mismo dependiente que lo administra. Los servicios derivan de la innovación y formas alternativas de presentar la historia en este caso, experiencias envolventes donde el visitante parece volver en el tiempo e interactúa a través de la gastronomía, la coctelería, la danza, el teatro, la poesía y el misticismo de una cultura viva.
Dar una lista de potencialidades y necesidades para la región es caer en el mismo error de la clase política e intelectual, la soberbía y reduccionismo los hace identificar botines de guerra dignos de reclamación cuando lo que añora la parte de la sociedad inconforme con su realidad son condiciones para desarrollar sus ideas sin el acoso del Estado, aquel que irónicamente se desea que prolifere nuevamente en la ciudad bajo la excusa de atraer empleos y gasto público que mire por obligación a los proveedores locales. Vaya absurdo.
En definitiva es menester que se entierre una visión débil y lastimosa de sociedad, la historia no cambiará pero si se permite que su obsesión guie los pasos de los liderazgos locales lo único que se estará construyendo es una región fantasma donde sus pobladores adopten las funciones de curadores de museo, con nostalgia en la memoria y una sed insaciable por mejores días descansando en una banqueta con la mirada perdida en la nada.















