Y entonces la rápida daga atravesó su garganta y sus ojos mostraban aquella expresión de asombro y dolor que hacen las personas al momento de morir en forma tan espontánea. Llevaba ya un nombre borrado en su cabeza.
Se encaminó para salir de aquella habitación donde había recibido tantos abusos en el pasado, con una cara sonriente a más no poder, se podría adivinar que posiblemente le dolerían las comisuras de la boca unas horas más tarde. Pero eso no es importante ahora, pues debía ir por más carne.









