Cuántas veces no ha escuchado las mismas palabras; cuántos días no ha revivido la misma escena repitiéndose una / dos / tres veces en su cabeza. La noticia, la lástima, la bala abriendo su pecho como proyectil escupido por el infierno --- el dolor se vuelve una costumbre cuando se aprende a someterlo. Del bolsillo de sus jeans coge un pitillo con la izquierda, derecha aún sosteniendo la cámara que ha documentado la búsqueda. Sus orbes se mueven a la izquierda al sentir una presencia, alzando una sonrisa ridículamente amigable ( que grita peligro ). “¿Tienes fuego?” pregunta, mas entre líneas se puede leer algo más: ¿también te has cansado de buscarla?












