Llevaba varias horas trabajando con Santa y, aunque lo disfrutaba como nadie, el cansancio y el hambre comenzaban a hacerse notar para la rubia quien, al ver un recipiente lleno de galletas navideñas que una mujer le había regalado al gordito, no pudo evitar la tentación de acercarse a comer una cuantas. Todo iba perfecto hasta que escuchó a Santa quejarse por las galletas que faltaban: “¡Yo no fui, él/ella fue!” Exclamó, señalando como culpable a uno de sus compañeros que se encontraba cerca. “Yo vi todo, Santa, y si no estoy para detenerl@, se las come to-di-tas”, habló en un tono cantado y demasiado alegre hasta para ella, señal que indicaba que estaba mintiendo, pero la inocencia que bañaba su persona hacía difícil notarlo.