Cada día duele menos eso es cierto y lo se, pero también hay instantes en los que el dolor se vuelve aún más fuerte casi al punto de quiebre de mi ser.
La daga en la espalda se introduce aún más profundo como si el recuerdo la empujara dentro con tanta saña... Pero también se que soy yo mismo quien la clava al recargarme sobre ella en un recuerdo o un momento. Y es en dónde mi ser se parte en dos, uno quiere seguir fuerte ante lo que la vida me deparé y mi otro yo que pocas personas o incluso solo una conocé, mi yo débil, vulnerable, solitario que se quiebra y teme volverce a mostrar una vez más.







